Indignados




Ganar con mentiras. Ésta es la impresión que dan los partidos políticos en cualquier convocatoria electoral. Recurrir a la mentira, al engaño, a la descalificación, a las promesas que se incumplirán… A todo, con tal de conseguir votos. Este insulto a los ciudadanos indigna, pero los partidos políticos son imprescindibles en cualquier sistema democrático que se precie. No los partidos que tenemos en España, sino los partidos como representantes e instrumento político de los ciudadanos. Sin partidos, en esto coincido con Jiménez de Parga, presidente emérito del Tribunal Constitucional, estaríamos en manos de los grandes grupos de presión, que nos tendrían completamente a su merced. Lo que hace falta, pues, es regenerar y democratizar los partidos políticos, para que no sirvan a otros intereses que no sean los de los ciudadanos a quienes representan. Así la democracia formal será democracia real.



Los ciudadanos votamos a los partidos que nos parecen más honestos y creíbles, a los políticos que consideramos más adecuados para la compleja tarea que han de desempeñar; a unas personas que hagan, no que digan; que cumplan su palabra. Si la honestidad y la sinceridad fuesen una realidad y no una promesa, la vida política española sería otro cantar. Por eso, a los ciudadanos nos sobran motivos para estar cabreados.



Los comentarios que suscitaba en sus inicios el movimiento 15-M eran muy similares: Ya era hora. Hay que hacer algo. Esta situación no puede prolongarse más. Las acampadas de indignados expresaban el hartazgo colectivo de una sociedad exprimida y masacrada por la crisis económica. ¿Para qué vamos a ir a votar si todo seguirá igual? ¿Por qué Zapatero no intenta vivir con 600 euros mensuales? El movimiento generaba simpatías. ¿Serviría de algo? Quién sabe. Al menos en Bruselas dejarían de vernos como un rebaño se sumisos borregos. Pero la complicidad se ha ido esfumando con los días, especialmente como consecuencia del comportamiento de algunos de sus miembros. Después de bloquear el Parlament catalán, de los insultos y de las agresiones que sufrieron los parlamentarios, el movimiento 15-M ya no es tan valorado y va perdiendo la credibilidad. Todos estamos cansados, socarrados, hastiados, pero los problemas que padecemos no se resuelven acampando en un espacio público. ¿Qué queda de Mayo del 68? El mundo sigue igual, con ricos y pobres, con patronos y obreros. ¿Qué ha sobrevivido del espíritu de Woodstock? Un disco, una película y la intención de repetir el festival. El sistema siempre acaba devorándonos. El capitalismo salvaje debe morir y tenemos que matarlo entre todos antes de que nos liquide.



*Foto: Indignados ante el Ayuntamiento de Zaragoza 17/06/11

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