Saber comer

Desde las más antiguas culturas y llegando a las actuales, el convite, el banquete, comer en grupo, compartir los alimentos es casi un ritual sagrado, núcleo de amistad y de convivencia social. La liturgia de la comida ofrece un papel cohesionador. Compartir el pan en las primeras comunidades cristianas, los interminables banquetes de bodas medievales, las fiestas modernas… Son indispensables para entender los códigos de una sociedad. Incluso las religiones, con sus normas y tabúes, pero también con su simbología, han entrado en el terreno de la comida hasta integrarla en sus ritos: el Sabbat judío, la Eucaristía cristiana, el Ramadán musulmán, etc.


Ya en el Antiguo Egipto existían códigos de conducta en la mesa: las Instrucciones de Ptahhotep, 2.500 a. de C., y diversas tablillas mesopotámicas abordan la cuestión. Asimismo China, el mundo clásico grecorromano, los textos de Alfonso X el Sabio o de Francesc Eiximenis de la Edad Media, en Italia, Alemania o Francia, en los festejos reales o en las comidas de negocios actuales existen normas de buena conducta. Observar estas pautas es saber convivir con los demás, pero ¿sabemos comer? Las normas se han flexibilizado tanto que del protocolo riguroso se ha pasado al mal comportamiento, incluso a la falta de respeto hacia los demás comensales. ¿Cuántas personas comen con la boca abierta, se acercan el cuchillo a los labios, usan el palillo sin la menor discreción, imponen su conversación telefónica, hablan con la boca llena…? Por suerte, la nueva ley antitabaco evita el cigarrillo entre plato y plato cuando se come en bares y restaurantes.

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