Departamento de quejas

Aceptar una crítica es siempre difícil. El frágil ego humano se resiente incluso con la llamada crítica constructiva, que pretende ayudarnos a mejorar.

Admitir que hemos errado, que debimos esforzarnos más, que no dominamos el tema, que no estuvimos acertados al elegir, que no logramos las expectativas que nos propusimos, que no cumplimos con nuestro compromiso…, es duro.

Podemos echarle la culpa a otro, buscar excusas que nos exculpen, y seguro que las encontramos a miles, pero si somos maduros y consecuentes, debemos recordar el dicho: “Errar es humano, aceptarlo divino, rectificar es de sabios”. Tomaremos nota de la observación que nos hayan hecho y la analizaremos, porque cada queja, cada recriminación, nos aporta una información valiosa, nos dice dónde fallamos, cuál es nuestro punto débil, qué hay que mejorar.

Si somos personas con afán de superación y mínimamente inteligentes, sabremos discriminar cuándo una crítica está fuera de lugar o carece de sentido y atenderemos aquellas sugerencias encaminadas a optimizar nuestra labor o nuestra actitud. Evaluaremos el yerro, sus consecuencias y repercusión, cuáles eran los objetivos que nos planteamos inicialmente y cuál el resultado obtenido. Con todos estos datos, buscaremos soluciones para que no vuelva a repetirse.

Cada crítica es un regalo. Quien se la toma como una afrenta personal, desaprovecha la información que nos aporta y quizá reincida eternamente en sus errores.

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