30 de junio de 2010

Cómo matar un bogavante de forma humanitaria


El bogavante es un crustáceo, su cuerpo tiene 10 patas, las dos delanteras con pinzas, y una cola. Las colas ofrecen la mayor parte de carne, pero sus pinzas tienen mejor aroma y sabor. El bogavante se divide en cuatro categorías, según su peso: jumbo, con más de 1,1 kg.; large, de 0,68 a 1,1 kg.; quarters, de 0,57-0,68 kg. y chicken, de 0,45 kg.

Los bogavantes pueden prepararse a la parrilla, asados o salteados. Solo presentan un inconveniente, los venden vivos y se tienen que matar en casa, por lo que hay quien siente algún reparo y pretende que el trance sea lo más humanitario posible para el animal. ¿Cómo matar un bogavante de forma humanitaria?

Método 1: Coloque el bogavante sobre la mesa, sitúe la punta del cuchillo de chef sobre su frente; entonces, con un movimiento rápido, clave la punta a través de su frente y debe bajar el cuchillo para que abra la cabeza del crustáceo en dos mitades longitudinales.

Método 2: Meta el bogavante en el congelador del frigorífico durante una hora.

Método 3: Introduzca el bogavante en una cazuela con agua hirviendo y manténgalo con la tapa cerrada durante 10 segundos.

Ignoro si éstas son o no formas humanitarias de matar un bogavante y me pregunto por qué no existe la misma preocupación por matar, por ejemplo, una ostra, que se come cruda. En todo caso, son las fórmulas que se proponen en el libro Creación culinaria, escrito por James L. Morgan.

22 de junio de 2010

Consideraciones sobre el blog

Mi viaje errático como nauta curiosa me lleva a un blog en el que leo el siguiente mensaje: “Estaré ausente tres días para ir al entierro de mi madre. Por favor, perdonad mi ausencia. Esperadme. No os vayáis”. A mí me da la impresión de que a la autora le preocupa más “abandonar” a sus hipotéticos lectores que el fallecimiento de su madre y, personalmente, no creo que nadie aguarde en candeletas su vuelta ya que los mensajes del blog son insustanciales y carentes de interés: “Estoy cansada, buenas noches a todos”, “Hoy no tengo nada nuevo que contaros, hasta mañana”, “Había cola en la caja del super y mientras esperaba me he comido una bolsa grande de patatas fritas, mañana me lo pasaré a dieta”... Ignoro los visitantes que recibe este blog, pero parece que, para la autora, la posible existencia de uno solo da aliciente a su vida.

Hace unas semanas, un bloguero que conozco fue abandonado por su familia. Al llegar a casa su esposa y sus dos hijos se despidieron de él, no aguantaban más el papel de segundones a que les relegaba el blog. Los chavales estaban cansados de las excusas de su padre para no acompañarlos nunca al parque o al cine, la mujer se había hartado de esperar en una cama vacía a que su marido terminase el viaje completo que realizaba por el océano de Internet buscando enlaces jugosos que añadir a su página. Con los ojos húmedos, me cuenta que lo primero que hizo, después de superar la rabia por no poder retener a su familia, fue arrancar de cuajo el módem que lo conectaba a un mundo cibernético, hasta entonces mucho más importante que el real.

Qué triste esta necesidad patológica de estar ahí, en una realidad virtual que a la par que gratifica daña. Sentirse obligado a pedir disculpas por asistir al sepelio de la madre muerta y suplicarle al lector que le sea fiel durante la ausencia, volcarse en la tarea obsesiva de escribir algo, lo que sea, cada día, me parece un claro síntoma de desequilibrio, de enfermedad. El fenómeno blog es relativamente nuevo y no existen muchos estudios sobre él, pero también aquí se detectan síntomas de esa epidemia creciente de adictos a Internet.

La construcción de un blog se inicia con diversas motivaciones: tener un espacio propio donde opinar, compartir conocimientos con otros, mostrar el fruto de tus quehaceres, escribir un diario público, hacerse “visible” y salir del anodino anonimato... Toda tarea nueva estimula. Al comenzar un blog, el autor se halla cargado de ardientes ilusiones y de, tal vez, infundadas esperanzas, con las ideas frescas en la cabeza y la meta de conseguir visitantes asiduos que valoren el esfuerzo realizado, se involucra en esta actividad cotidiana. No escatima energía ni tiempo si la recompensa es atrapar la atención de otro y obtener a cambio un comentario favorable. A partir de aquí comienza la patología, es cuando el blog se convierte en una obsesión enfermiza, en una tortura excesiva. Horas y horas de dedicación exclusiva para crear una obra atractiva que los demás admiren. Si se reciben palabras de aliento, se redobla el esfuerzo, se confirma que se va por el buen camino. Si las críticas son contrarias, hay que intentarlo con mayor ahínco hasta conseguir saciar esa necesidad de aprobación que domina los actos.

Proyectarse en un blog puede ser peligroso. La vida y el mundo tienen sentido en los límites del blog, alrededor del cual gira lo demás. Pasar el día sentado frente al ordenador, olvidar que fuera existe otra realidad, buscar el aprobado continuo examinándose cada día para sacar nota, competir con otros que se dedican a lo mismo, hacer del blog una religión: sin días libres, ni vacaciones, ni descansos, viviendo apartado, negar que se es víctima de una compulsión porque se ha encontrado el método para alimentar la autoestima, es estar perturbado.

Confeccionar un blog debe tomarse como un entretenimiento y no hay que permitir que llegue a transformarse en un elemento de tortura. Las críticas que se reciben no han de tomarse a pecho; las malas, porque no existe un lector realmente objetivo y ningún blog es tan excepcional como para desbancar a otro que se somete a un juicio de valores y méritos que no pueden cuantificarse, en cuanto a las buenas, ciertas opiniones no pasan de ser un aplauso retórico o una mera fórmula de cortesía. El contador, que algunos miran ansiosos, no informa más que del número de personas que llegan a una dirección, no dice quién te lee o si el contenido agrada, sólo ofrece unos números. Nadie nos obliga a escribir cada día, es preferible hacerlo únicamente cuando haya algo interesante que ofrecer al visitante. Puesto que es imposible contentar a todos, lo mejor es satisfacerse uno mismo y realizar un trabajo que distraiga y gratifique, dejando al margen las consideraciones ajenas. Al menor síntoma de que nos estamos enganchando hay que dejarlo correr, ser el responsable del blog más visitado del planeta no compensa si el precio a pagar es la cordura.



21 de junio de 2010

Aún puede ser peor

España se enfrenta a todo un reto: desembarazarse de Zapatero, pero sin que le reemplace Rajoy. Una disyuntiva peliaguda que recuerda el desenlace de El mercader de Venecia, donde el problema irresoluble devuelve el litigio al punto de partida. La elección entre lo peor conocido y peor por conocer la ilustró bastante bien el presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, cuando interpeló a los populares diciendo: “El hecho de que Zapatero sea malo, no les convierte a ustedes en buenos”.

Aunque no existen pruebas de que un estado agrave su situación sin un gobierno que lo dirija, el protocolo de actuación exige que una supresión vaya acompañada de una sustitución. El declive de Zapatero es innegable, pero la alternativa de Rajoy resulta poco alentadora. Maquiavelo dijo que cuando un príncipe es odiado, su rival será querido inmediatamente, pero el presidente del PP no se acomoda ni a los preceptos maquiavélicos. De momento, tenemos a Zapatero. ¿Cuántas cosas malas más nos pueden pasar a los españoles?

17 de junio de 2010

Dónde está la clase media

Nos hemos acostumbrado a que nuestros políticos alaben en sus discursos a la clase media, que soporta con resignación lo peor de esta crisis. Pero ¿quién forma ese ente llamado clase media? Según Anthony Giddens, un sociólogo inglés de tendencia neoliberal, este concepto englobaría a un amplio espectro social que va desde los asalariados hasta los pequeños empresarios, profesionales y autónomos. Es decir, tú, yo y casi todos. En los países desarrollados el aumento de trabajadores de cuello blanco respecto a los de cuello azul, habría ayudado a diluir las antiguas relaciones sociales entre explotador y explotado para dar paso a una masa de estómagos agradecidos surgidos del estado del bienestar. Este punto de vista no se aleja del discurso liberal que defiende la desaparición de las clases sociales para dejar paso a una mayoría de productores y consumidores. Si bien, las dos ideologías podrían aceptar una división social según su nivel de renta: alto, medio y bajo. Una clasificación que iría desde Botín a un mileurista.

Es patente que esta clasificación no aclara mucho. En cambio, sí que existe una línea divisoria, independiente del estatus social, basada en dos clases antagónicas: los poseedores de los medios de producción y los trabajadores, que venden su fuerza de trabajo por un sueldo. En los periodos de prosperidad las diferencias pasan desapercibidas y en épocas de crisis resurgen cuando la recesión económica golpea a los más débiles de la sociedad.

Así pues, la clase media actual enlazaría con aquella pequeña burguesía y estaría situada entre la clase trabajadora y la clase burguesa. Además de los pequeños empresarios, comerciantes, profesionales y autónomos se añaden a este magma, por arriba, una burguesía venida a menos y, por abajo, los asalariados con un nivel alto de ingresos. Pero el destino de sus integrantes no es otro que convertirse en burgueses una minoría y en asalariados la inmensa mayoría. De hecho, la realidad se impone a la fantasía de escalar cimas reservadas a la alta burguesía cuando los pequeños empresarios se arruinan y los trabajadores de corbata se van al paro. Es entonces cuando uno se da cuenta de que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades, que los ricos son pocos y cada vez más ricos y los pobres son muchos y cada vez más pobres.

12 de junio de 2010

La hecatombe que viene

Han tardado, aunque al final, incluso el más imprudente de nuestros gobernantes está preocupado por la cantidad de parados. La mayoría comienza a angustiarse, pero hay algunos afortunados, todavía con empleo, que ven esta crisis como una coyuntura que les puede beneficiar. Según su criterio, los precios han bajado y la rebaja de la hipoteca los hace económicamente más fuertes. Pese a todo, los expertos alertan: la próxima generación será la primera de la historia reciente que vivirá peor que la anterior, o sea, la nuestra. Así que padres y maestros intentan familiarizar a los chavales con la debacle que se avecina, para que les pille preparados. No se trata de ser catastrofistas y presentar la situación como una hecatombe sin remedio, tampoco hay por qué amargarle la vida a las criaturas. Basta con avisarles del peligro que conlleva cometer las temeridades que nos han traído hasta aquí.

8 de junio de 2010

Crisis para los de siempre

La crisis de Grecia desató el miedo que nos puso en alerta. Los rumores interesados apuntaron un efecto contagio en España y la consecuencia fue el hundimiento de la Bolsa española el mismo día en que se reunían Zapatero y Rajoy. España no es Grecia, pero los sacrificios serán semejantes.

Zapatero es implacable con los más débiles y miedoso frente a los poderosos. Anuncia un recorte en las infraestructuras de más de 6.000 millones de euros y un recorte en los derechos sociales a costa de los derechos de las madres, de los pensionistas, de los dependientes, además de un recorte del 5% en el sueldo de los funcionarios. Zapatero sigue con su política de los dos últimos años, una política de parches discutibles e insuficientes. El último de ellos ha sido el anuncio de reducir altos cargos de la administración con un ahorro estimado en 16 millones, cuando la desviación del gasto de los ministerios asciende a 231 millones. Ya hace meses que en el Congreso se instó al Gobierno a suprimir ministerios, pero Zapatero desestimó la propuesta. Hay que recordar que esta propuesta hubiera ahorrado miles de millones de euros al eliminar ministerios superfluos, aunque también habría permitido desligarse de la invasión en cuestiones que son competencia de las comunidades autónomas. Demasiado tiempo mareando la perdiz y ahora estamos como estamos. En enero se quitó la desgravación de 400 euros por asalariado y pensionista establecida en 2008, cuando el presidente del Gobierno quiso hacernos partícipes de la bonanza económica. Luego ha sido finiquitada su otra gran medida populista: el cheque bebé, el pago de 2.500 euros por el nacimiento o la adopción de un hijo. Nos dicen que es por culpa de la crisis y nos lo dicen los mismos que hace dos años negaban su existencia y le daban clases de economía al resto de Europa.

Sin un marco general de reformas estructurales y sin voluntad de un pacto de Estado, la sensación de que vamos a la deriva empieza a ser alarmante e intolerable. Solo hay respuestas coyunturales y desesperadas para evitar la debacle que cada vez se hace más evidente y cercana. Mientras tanto, permanecen intocables los bancos y las cajas, cuando debería aplicárseles mano dura obligándoles a abrir el grifo del dinero y no llegar a acuerdos trapaceros con Rajoy para aplicar la privatización de las cajas de ahorro. Por desgracia, continuamos pagando la crisis los de siempre.

2 de junio de 2010

Recuerdo a Palestina


Las imágenes de Palestina son las imágenes del dolor. Cuatro generaciones de palestinos malviven desde hace más de sesenta años en medio de la guerra, el bloqueo económico, el exilio, la pobreza y el miedo, son personas sin derechos, atrapados entre vergonzosos muros o en penosos campamentos para refugiados, víctimas de la violencia y los abusos.

Alambres de púas recuerdan a los palestinos dónde viven: instalados en la desgracia. A los demás, no deberían dejar de removérsenos las entrañas con tanta atrocidad. A menudo olvidamos que un pueblo sufre el horror continuo por vivir en unas tierras codiciadas por Israel y que esto sucede ante la pasividad de todos.