Qué pasa

Lo dijo Umberto Ecco, los economistas se dividen en apocalípticos o integrados. Los primeros vaticinan que nos encaminamos hacia una época en la que viviremos como en Mad Max y defenderemos nuestra maceta de pimientos y nuestra lata de olivas rellenas de anchoa con ráfagas de ametralladora y granadas de mano. Los segundos auguran que vamos a salir vivos de la crisis. Entre ambas opciones se baraja una nueva sociedad y no pinta nada bien, para qué vamos a negar la evidencia.

Miremos si no hacia Irlanda, a principios de año se rebajó el sueldo de los funcionarios un 15% y los jubilados veían cómo volaba un 20% de su paga. Hoy el país está en bancarrota por obra y gracia de los poderes económicos y la Unión Europea tendrá que poner dinero para salvar el sistema bancario. ¿Pero tienen culpa de la crisis los funcionarios y jubilados irlandeses? ¿No es Irlanda un ejemplo de neoliberalismo, un modelo que debía ser caminar sin el apoyo de la protección social y la política socialdemócrata?

Veamos ahora España, la bolsa había llegado a los 11.000 puntos del Ibex, el índice de valores, y se las ve negras para no perder los 9.500 puntos actuales. Lo que se debate es si, después de Portugal, seremos los siguientes en poner nuestras barbas a remojo pidiendo la limosna de las arcas europeas. Aunque la realidad es que algunos desaprensivos hacen bajar las bolsas más débiles para ganar millonadas apostando a la baja. Las apuestas se inician con rumores: Zapatero sabe que España está colapsada o Cameron no pagará la nómina de los funcionarios. Algunos países se protegen contra estos rumores difundidos sin pruebas. Italia, por ejemplo, ha prohibido apostar contra valores bancarios, energéticos, eléctricos y estratégicos. Alemania hizo algo similar. ¿Cuándo hará España lo mismo? Mejor aún, ¿cuándo se tomará esta decisión en todo el mundo? ¿O es que vamos a permitir que gente sin escrúpulos se enriquezca a costa de la ruina de países enteros?

Un dato, los más ricos de Estados Unidos han aumentado sus ingresos un 700% en 40 años, los menos afortunados han perdido un 10% de su poder adquisitivo. ¿Y qué significan estas cantidades? Que vivimos en un régimen económico que prima a las élites y se olvida del resto de los ciudadanos, que cada vez son más pobres. ¿No era la meta construir una sociedad más justa y racional, una sociedad del bienestar para todos?

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