Regreso al pasado

La guerra del 36, con todas las barbaridades que conlleva una guerra, duró tres años, sus consecuencias se prolongaron durante veinte años más. Fue ese tiempo que en España conocemos como posguerra. El Plan de Desarrollo que puso en marcha el franquismo trajo el Seiscientos, un tímido signo de bienestar, quizá fuera el inicio del “estado del bienestar”. Hasta entonces se había recorrido un largo y duro camino. Fueron tiempos de escasez, pobreza y dificultades. La generación que tuvo la desdicha de vivir la guerra aprendió de sus padres la sobriedad y la paciencia, ambas obligadas por las circunstancias, recordemos que la cartilla de racionamiento se suprimió 13 años después de acabada la guerra. La sobriedad es un valor humano que no se ha transmitido a las siguientes generaciones, debió parecernos que la economía en desarrollo no dejaría de ir hacia delante y, por tanto, no sería preciso recortar aspiraciones personales, proyectos y gastos. Hasta el batacazo de la crisis, todo era imparable.

A las personas mayores no les costará regresar a un tiempo de penurias, a la austeridad, pero las generaciones actuales no conocemos aquellos tiempos difíciles, de severa necesidad. No digo que volvamos a la situación de antaño o ¿sí? ¿Cómo nos enfrentaremos a este periodo de vacas flacas? Ellos consiguieron seguir adelante y esta realidad debería servirnos de estímulo, porque de todo se sale, salvo de la tumba.

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