Dinero

Yo prefiero “ser” a “tener”, el dinero nunca ha sido prioritario en mis ambiciones. En nuestra sociedad el dinero, el poder y la fama justifican cualquier comportamiento, y me parece tremendo. No voy a cometer la ingenuidad de considerar el dinero algo superficial o ajeno al grado de felicidad que permite alcanzar, tiene su importancia, claro está, y nadie puede sustraerse a su poder, pero nunca me ha molestado no ser rica.

La mayor parte de la población depende de un sueldo que es la remuneración por un trabajo enojoso, que no le gusta, yo disfruto la ventura de realizar una tarea que me apasiona, con la que nunca llegaré a ser multimillonaria, pero que me colma, y esto consigue que mi balance sea positivo. Mis ingresos son fácilmente predecibles y basándome en ellos he organizado mi economía. He aceptado esta realidad y me conformo con mi poder adquisitivo, acaso sea mi “conformismo” lo que me hace feliz, porque si lamentase permanentemente mis limitaciones, estaría condicionando mi felicidad a un enriquecimiento poco probable y eso sí me impediría ser dichosa.

Respecto al otro dinero, a la economía... supongo que el intercambio designa la pauta de conducta panhumana de dar y recibir, ya que los seres humanos no podríamos vivir sin intercambiar nuestro trabajo o los productos del mismo entre nosotros. Sin embargo, las pautas de intercambio difieren claramente según las culturas.

En nuestra sociedad capitalista el dinero lo compra todo, pues todo tiene un precio. El trabajo tiene un precio llamado salario, y el mismo dinero tiene un precio llamado interés. Todo el mundo trata de adquirir tanto dinero como le sea posible, pues la riqueza otorga prestigio a la persona que la posee. El capitalismo provoca, inevitablemente, desigualdades acusadas en la riqueza, cimentadas en la propiedad privada o en el acceso diferencial a los recursos. Como en todas las economías estratificadas, la coacción del Gobiernos es “necesaria” para evitar que los pobres expropien la riqueza y los privilegios de los ricos. Triste ¿no?

Las economías socialistas o comunistas, que antaño intentaron sustituir el consumismo de mercado y la preocupación obsesiva por la ganancia de dinero por formas igualitarias de redistribución e intercambios recíprocos, también han acabado degenerando en economías monetarias de mercado, así mismo, es cuestionable que hayan alcanzado la sociedad sin clases que es el requisito previo para las formas realmente igualitarias de redistribución de la riqueza.

Resumiendo: el hombre vivió sus mejores momentos durante toda la Prehistoria y antes de la evolución del Estado, cuando la idea del dinero le era ajena.

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