Darwin cuestionado

Han trascurrido 145 años desde que Charles Darwin publicó su famosa teoría sobre la evolución de las especies, pero para muchos norteamericanos la premisa sigue resultando falsa.

En los estados de Florida, Mississippi, Missouri, Illinois, Kentucky y Oklahoma los libros de texto omiten la palabra "evolución" y hace unas semanas las autoridades del condado de Cobb, en Georgia, obligaron a que todos los libros que aludan a la teoría de la evolución lleven un aviso que advierta que se trata sólo de una explicación sobre el origen de la vida.


En el libro "El misterio del origen de la vida: un reexamen de las teorías actuales", escrito por Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley y Roger L. Olsen, tres bioquímicos que se declaran "cristianos renacidos", se argumenta que la diversidad de la vida es tan abundante y tan compleja que es imposible que se deba a un proceso azaroso y gradual de evolución. Esta teoría, denominada "diseño inteligente", ha sido muy bien acogida por los defensores del creacionismo, doctrina que acepta literalmente la descripción bíblica del origen del mundo, porque confiere a sus ideas un peso "científico" sin el cual no pasaría de ser una interpretación.


Aunque la teoría del "diseño inteligente" parezca disparatada a estas alturas, ha provocado una avalancha de publicaciones y trabajos académicos a favor y en contra.


Behe, profesor de la Universidad Lehigh, de Bethlehem, Pennsylvania, mantiene que la bioquímica nos descubre un mundo celular de complejas moléculas diseñadas con tal precisión que sólo puede ser explicado por la intervención de un creador inteligente, o sea, Dios.


Dembski, profesor de la Universidad Baylor, de Waco, Texas, afirma que es absurdo que la vida y el universo hayan surgido por procesos naturales casuales y, por tanto, son el resultado del diseño inteligente de Dios. A estas opiniones se enfrenta Ernest Mayr, biólogo evolucionista considerado el padre de la biología moderna, que trabaja en la Universidad de Harvard y sostiene que "la evolución no es una teoría más; es un hecho comprobado, tanto como que la Tierra gira alrededor del Sol”. Puede ser una evidencia científica, pero no persuade a los creacionistas, que siguen convencidos de que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza y no admiten que un mono forme parte de nuestro linaje.

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