Newton escribe a Bentley

Newton reservó sus pensamientos religiosos a la correspondencia privada, hasta que estuvo en preparación la segunda edición de los Principia. Cinco años después de aparecer la primera edición (1687), escribía a Richard Bentley para satisfacer los deseos de éste, corroborando explícitamente que su obra científica no hacía sino confirmar la existencia de un Ser Superior.

La primera carta de Newton al doctor responde a la opinión que éste le solicitaba respecto a un bosquejo que había realizado de una hipótesis sobre la creación del mundo, a partir de la materia dispersa de modo uniforme por todo el espacio. En su respuesta, Newton aprueba los caracteres principales de dicho esquema, considerando irrefutable que el orden del cosmos revela su origen divino:

“El mismo poder, ser natural o sobrenatural, que puso al Sol en el centro de las órbitas de los seis planetas principales puso a Saturno en el centro de las órbitas de sus cinco planteas secundarios, y a Júpiter en el centro de sus cuatro planetas secundarios, y a la Tierra en el centro de la órbita de la Luna. Y, por lo tanto, si esta causa hubiese sido una causa ciega o sin ningún plan o designio, el Sol tendría que haber sido un cuerpo de la misma clase que Saturno, Júpiter y la Tierra; esto es, sin luz ni calor. No encuentro razón que justifique el que haya un cuerpo en nuestro sistema capaz de dar luz y calor al resto, que no sea que su autor lo juzgó conveniente. Y no sé por qué razón hay sólo un cuerpo de tal clase, a no ser porque uno era suficiente para calentar y alumbrar a todos los demás.

A su segunda pregunta respondo que los movimientos que los planetas tienen ahora no pudieron surgir solamente de una causa natural, sino que fueron impresos por un Agente Inteligente”.

Dios aparece así como el creador de las leyes que rigen el universo. Esta imagen de una Divinidad creadora y rectora del mundo es la que encontramos en el Escolio General de los Principia y la que expresa mejor la concepción de Newton.

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