Yo confieso

Lo confieso aquí para que sea público y notorio: he tenido un pensamiento racista del que me avergüenzo.

Caminaba por la calle a escasos metros de una pareja de marroquíes. Ella iba un par de pasos detrás de él. En un momento dado él se ha encontrado con otro marroquí que le esperaba a la puerta de una tienda. Los dos hombres se han besado en las mejillas y se han abrazado con efusividad. Luego han seguido su camino. Ella, ignorada por completo durante el saludo, ha reanudado la marcha manteniendo la distancia. Entonces yo he pensado indignada: Será cerdo el tío, la lleva como si fuera un perro. Un tramo más allá, él se ha girado para dedicarle a ella la mirada de amor más hermosa y apasionada que haya visto jamás. Ella le ha sonreído, su cara se ha iluminado y resplandecía de felicidad. Era evidente que estaban enamorados y eran muy dichosos. Era evidente que él no olvidaba ni por un instante que ella estaba ahí, dos pasos por detrás.

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