Seguir luchando


Por no pensar, salgo de mi cerebro y de sus arduas reflexiones. Cuando toma el mando me domina, me arrastra de la mano hacia territorios que no siempre deseo visitar. Hoy me conduce hasta el borde del despeñadero y me muestra mi vida. El panorama que vislumbro presenta claros, sombras y un reducto bellamente iluminado por el sol. A mi edad, cualquier persona ha alcanzado sus metas: tiene un trabajo estable, un techo que le presta el banco para cobijarse, una cierta solvencia económica… La madurez es el momento para disfrutar de los logros conseguidos durante la juventud, pero yo sigo luchando, mi lucha acaba de comenzar porque he iniciado una nueva vida, un “vuelta a empezar”.

A fuerza de estar siempre en la arena, me he construido una mentalidad de gladiador: luchar hasta la muerte. Siempre ha sido así, no conozco otra vida que la lucha contra enemigos de toda índole. Solo que ahora necesito que la contienda se detenga, haga una pausa y me permita cobrar aliento, curarme las heridas, recuperar las armas y seguir.

Seguir es el verbo que conjuga mi presente. Antes lo fueron: olvidar, sobrevivir. Luego será: vivir (espero), porque ahora tengo un aliado, alguien que desde la grada grita mi nombre y me anima transmitiéndome la energía de su amor.

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