Cadáveres

Mi vida, supongo que como la de todos, está habitada por fantasmas. Son los cadáveres de la gente que asesiné por ignorancia, por estupidez, por pereza, por miedo. Ellos conforman un paisaje confuso de oscuridad casi inevitable.

Vivir y ser libre implica elegir, optar, tomar posiciones, decidir. Arriesgase a matar o a que te maten. Por eso pienso que llegados a cierta etapa de la vida pocos son los que conservan la conciencia tranquila y pueden afrontar la negrura sin temor a que resucite en ella algún espectro del pasado.

Los ajustes de cuentas se hacen cara a cara cuando se es valiente y uno está dispuesto a endiñarla o a que se la endiñen. Pero a veces hasta el más osado se raja en el momento decisivo y opta por la huida, por la despedida a la francesa, por la puñalada trapera.

No me siento orgullosa de mis errores y no busco una justificación para mis actos equivocados, los asumo porque soy un ser imperfecto y porque es imposible quedar bien con todos. Procuro enmendarme, de eso se encarga mi conciencia, que no admite que me vaya de rositas y me obliga a reconocer los daños colaterales que provoca el ejercicio de mi libertad.

Esto pretende ser un acto de contrición con el que espero se den por aludidos aquellos a los que herí. Ojalá mis víctimas comprendan que no puedo dejarlas al margen y por eso mi remordimiento es más intenso. Solo me queda deciros: lo siento.

Comentarios

David ha dicho que…
ADVERTENCIA

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

Felipe Benítez Reyes, Los vanos mundos