Belleza

La palabra belleza es un término ambiguo cuando se utiliza en su sentido lato, pues engloba las formas más diversas de sensibilidad. Cada cultura define los sentimientos que conforman un juicio estético y que no están desligados de los valores morales.

Los valores austeros de la estética zen se contraponen con el abigarramiento del Barroco. La belleza de lo humilde, lo imperfecto, lo incompleto, el vacío y la belleza de una exagerada monumentalidad, una acumulación de formas y de excesos son formas de interpretar la vida.

Los seres humanos estamos hechos para la belleza, por eso nunca nos cansamos de admirar una rosa, de contemplar la Piedad de Miguel Ángel o de escuchar La flauta mágica de Mozart. La llamada de la belleza no es una urgencia fisiológica, ni tiene valor biológico de supervivencia, pero es inequívoca y constante y guarda una estrecha relación con la aspiración humana a la plenitud.

Stendhal dijo: “La belleza es una promesa de felicidad”. Platón decía que el alma humana, a través del amor a la belleza, se eleva desde sus carencias e imperfecciones hasta la plenitud de la verdad y del bien: por eso la belleza y el amor serán los primeros temas de la filosofía. Esto es posible, de entrada, porque el sentir humano es un sentir estético. La estética es la reflexión sobre la capacidad humana de sentir la belleza, que en su origen es siempre percibida por los sentidos, es “la teoría de la sensibilidad”, según Baumgarten. Su estudio se aborda desde diferentes ángulos porque la belleza presenta varias caras. Encontramos la belleza en lo natural: en un paisaje; en lo artificial: un edificio; en el cuerpo humano, incluso encontramos bellas ciertas actuaciones humanas: el perdón, la solidaridad...

La belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta. Los hombres primitivos modelaron cuencos de arcilla para contener alimentos y bebida, lo que ignoramos es por qué adornaron sus vasijas con cenefas, esta decoración no sirve para nada, no cumple una finalidad práctica ni biológica, por eso mismo nos descubre que los hombres no sólo buscan satisfacer sus necesidades, también intentan que las cosas sean hermosas.

Definir la belleza es posible, aunque siempre tiene un resultado insatisfactorio. Se ha dicho que la belleza radica en la armonía y la simetría, o que se trata de un sentimiento subjetivo, que es el resplandor del bien. Son manifestaciones de la indefinición del concepto. No todos coincidimos en considerar bellas las mismas cosas, más bien llamamos bello a lo que sentimos que debería ser considerado así por todo el mundo. Si el concepto sirve para identificar y explicar una realidad determinada, afirmar que lo bello carece de concepto significa que no existe un criterio seguro para identificar y evaluar la belleza. Podemos identificar conceptualmente un cielo estrellado o una catedral gótica, pero no tenemos una regla o modelo que nos permita establecer si el cielo y la catedral son hermosos, ni en qué medida, ni por qué lo son. En ambos casos admiramos la belleza. Por esta razón la estética se desarrolla en dos grandes ámbitos de estudio: la naturaleza y el arte.

Comentarios

JoseAngel ha dicho que…
La belleza es un concepto elusivo y complejo, qué duda cabe. Y eso es porque responde, como señalas, a distintos criterios de valoración, algunos casi biológicos, otros con asociaciones éticas o culturales.

Una dimensión importante, creo, y que se suele pasar por alto, es la dimensión interaccional de la belleza. Es decir, algo nos parece bello porque así nos adherimos a los códigos estéticos de un grupo social al que aspiramos a pertenecer, o cuyos valores hemos interiorizado.

De este modo la fuerza de nuestra adherencia a esos criterios, ideales, o a los intereses creados entre ese grupo y nosotros, se suma o se resta de otros criterios estéticos.

El resultado es que los juicios de belleza parecen caóticos en relación con su objeto. Pero tienen cierta coherencia en relación con su sujeto.