Kasimir Malevich

Los críticos le han colocado la etiqueta de pintura suprematista a la obra de Kasimir Malevich.

Más que un movimiento estético y artístico, el suprematismo se define como un proyecto filosófico, pues sus propuestas implican a la vez al arte, a sus valores, a los límites y posibilidades del conocimiento y la transformación del individuo. Lo material no desaparece, sino que se descompone y reconstruye siguiendo las leyes lógicas de la representación.

Al mundo de Malevich se accede tras aplicar sobre uno mismo la más estricta disciplina de la ascesis: la renuncia a todo. Renunciar a todo lo que se interponga en el camino del conocimiento absoluto, ese conocimiento capaz de disolver cualquier contradicción, de unir lo diverso e identificarlo en una nada armónica y dinámica. Malevich va más lejos, traspasa la realidad de las apariencias y esboza un universo absoluto para buscar y encontrar la mística del despojamiento y la esencialización.

“Cuadro negro”, “Círculo negro” o “Blanco sobre blanco” hacen posible el tránsito a la verdadera realidad: la tiniebla del ser, la nada del todo: la que se agazapa detrás de las formas y la luz. Las formas se reducen a entidades mínimas y el color es un fenómeno luminoso absoluto.

El entusiasmo por el movimiento suprematista duró unos pocos años, pero la obra de Malevich ha quedado como muestra de su inconsciente sabiduría.

Comentarios