Imbecillis




Mediante correo electrónico, un lector se rasga las vestiduras porque en uno de mis post he escrito la palabra “imbécil” para conceptuar a personas voluntariamente ignorantes. Lamento el enfado, pero las personas han de calificarse por lo que son.

Es una realidad, el mundo está lleno de imbéciles, y te los encuentras en todas partes: gobernando, estableciendo lo que es políticamente correcto, controlando la sociedad, la prensa, la TV, diciéndonos qué comer, qué vestir, qué soñar. Te los encuentras en el cine, en la consulta del médico, en el quiosco de la esquina, en el bar. Los imbéciles son una plaga y lo malo de la imbecilidad es que se contagia.

Unos tiranos nos dominan decidiendo y pensando por nosotros. Esos tiranos nos impiden ser. Y los imbéciles, incapaces del más mínimo sentido crítico, callan y otorgan, se adaptan a la realidad impuesta.

Siempre ha habido imbéciles, porque la imbecilidad va ligada a lo irracional de la condición humana. El ser humano no es inmune a las histerias colectivas, a la memez y al fanatismo. Pero nunca hasta ahora fue tan rápido el contagio ni tan devastadores sus efectos. La imbecilidad es el estado de millones de personas a las que uno supone en su sano juicio, gentes sin criterio propio, gentes de encefalograma plano, gentes manipulables, en definitiva: IMBÉCILES que deberían abstenerse de opinar precisamente por eso. Porque no tienen ni pajolera idea de nada, aunque se atrevan a criticar a quienes opinan con la libertad de decir lo que les sale de los… dedos.

Despierta imbécil

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