Cuestiones sobre el velo

Dos jóvenes musulmanas me abordan por la calle y me piden unos minutos para responder a un cuestionario. La pregunta clave es: ¿Qué opina de que las mujeres musulmanas lleven velo? Mi respuesta les sorprende: Si es lo que ellas desean, me parece bien, no tengo nada en contra.

Supongo que algunas mujeres musulmanas, recién llegadas a Europa, basan su identidad en una pertenencia al Islam. Algunas llevan voluntariamente el velo, como un símbolo de su religión, pero otras sufren la presión de sus padres o la de sus líderes religiosos. Yo estoy apegada a la libertad, en especial a las libertades fundamentales del individuo, y aunque soy atea, considero que la práctica religiosa es legítima siempre y cuando se haya elegido libremente, sin presiones ni obligaciones, sobre todo cuando se inscribe en un marco a la regla común que es la laicidad.

Hay mujeres que llevan el velo como una reivindicación, son musulmanas y su velo es su estandarte, sienten que por él se las conoce y se las respeta. Otras mujeres lo utilizan como protección, los hombre musulmanes no las molestan, para ellos son intocables. Incluso las hay que salen de su casa con velo, pero cuando se encuentran a una distancia prudente de su entorno habitual, lo guardan en una bolsa. Luego están las militantes del velo, las mujeres que lo defienden como libertad de expresión y lo justifican como parte de su proyecto de emancipación.

La mayor parte de nuestra sociedad sólo ve moros, no importa quiénes son ellos, ni hay interés en conocerlos mejor. Con el estereotipo basta. Por eso cuando han aparecido las primeras tensiones generadas en torno a niñas que se han presentado en la escuela con la cabeza cubierta, no hemos sabido reaccionar. Estas niñas deben estar en la escuela y la escuela debe respetar las especificidades de cada alumno desde la laicidad. El Estado tiene que ser coherente con sus principios, si se prohíben los símbolos religiosos, la prohibición ha de abarcar a todos los ámbitos públicos, no sólo a la escuela, y tiene que afectar a todas las religiones. El velo no puede ser un argumento político para estigmatizar a los musulmanes, ni una fuente de tensiones entre unos y de otros, porque al prohibir el velo estamos tocando al Islam, y esto se interpretará como un rechazo social a sus seguidores, que radicalizarán sus posturas para remarcar su pertenencia a una religión.

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