Herederos del nazismo

El 17 de agosto de 1987, Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler, se suicidaba a los 93 años en la cárcel de Spandau (Berlín), donde había permanecido recluido durante 46 años. En los ambientes neonazis se le considera un icono y este año la celebración del veinte aniversario de su muerte ha puesto en una situación peliaguda a las autoridades alemanas. Por tratarse de una fecha redonda, los simpatizantes del fascismo pretendían hacer un gran acto de homenaje en memoria del “solitario de Spandau” y convocaron diversas manifestaciones en distintos lugares. Finalmente, y aunque se prohibieron varias marchas ultraderechistas, se contó con autorización judicial para realizar dos concentraciones: una en Jena (Turingia) y la otra en Gräfenberg (Baviera). Mientras que en otros lugares como Wunsiedel, pueblo donde se halla enterrado Hess, o Berlín los manifestantes se pronunciaban a favor de la democracia.

El Partido Nacional Democrático (NPD) se fundó en noviembre de 1964 al fusionarse antiguos partidos nacionalistas y fascistas que estaban ilegalizados. Entre 1966 y 1972, este partido contó con una representación de siete parlamentarios regionales. Después decayeron los votos y los militantes y su presencia en la política disminuyó hasta que se produjo la unificación y aparecieron grietas en el estado del bienestar. Entonces el NPD renació de sus cenizas y encontró un nuevo líder: el antiguo militar Udo Voigt. De su mano, el partido llegó a los parlamentos de Sajonia y Mecklenburg con un soporte electoral del nueve y del siete por ciento, respectivamente. El NPD cuenta ahora con unos siete mil afiliados que no ocultan su ideología con un discurso radical y racista.

El año pasado se produjeron en Alemania un total de 12.248 delitos de carácter ultraderechista. Las autoridades empiezan a preocuparse y estudian actuaciones para detener el rebrote fascista. Pero en el Gobierno no existe unanimidad y mientras los socialdemócratas piden la ilegalización de los partidos de ultraderecha, los democristianos no están tan a favor de estas medidas. La situación es compleja, porque el sistema democrático da un espacio a todas las voces, sin embargo, ¿todas las voces merecen ser escuchadas? Una marcha plagada de esvásticas, en la que se ponen como ejemplos a seguir las figuras de Hitler o Hess, hiere muchas sensibilidades y hace que nos planteemos si la democracia debería dejar al margen a quienes no son demócratas.

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