Cuidado con los comentarios

Tengo amistad con un pintor, con un artista que pinta cuadros. Hace siete años que no vende un lienzo ni expone en una galería y, como es lógico, su animus artisticus anda de capa caída. El otro día un conocido le preguntó: “¿Qué haces ahora? No se te ve por ninguna exposición”. ¡Por favor, señores! Hay comentarios que hacen mucho daño. Comentarios ingenuos, sin malicia, pero que tendrían que ser meditados antes de pronunciarse en voz alta.

El oficio de artista está integrado por gente hecha de una pasta diferente, ni mejor ni peor, material sensible. Los artistas somos personas frágiles que, ocultos tras una aparente seguridad, inventamos nuevos personajes y nuevas realidades para huir de un mundo que, a veces, no reconocemos nuestro. La mayoría de artistas parten de una contradicción: son unos tímidos exhibicionistas, por tanto, si a todo esto le añadimos que cualquier comentario inesperado nos hace replantear toda nuestra existencia, comprenderán ustedes cómo se siente mi amigo.

Un comentario así, disparado a bocajarro y sin avisar, puede llevar a la depresión al artista más equilibrado.

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