Las preocupaciones de la Iglesia

Entre las últimas acciones e iniciativas que ha emprendido la Iglesia católica en los últimos días se encuentra la campaña vaticana contra Amnistía Internacional, en la que se cuestiona la labor de esta ONG por haber iniciado una campaña que promueve el acceso al aborto de las mujeres víctimas de violaciones o de aquellas para las que el embarazo representa un peligro para su vida. Amnistía Internacional (AI) intenta implicar a todas las sociedades ante la estremecedora cifra de 68.000 mujeres que mueren anualmente a causa de abortos clandestinos. El cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz del Vaticano, pide el boicot de los católicos a esta organización y ha dicho, en nombre del Vaticano, que la Iglesia dejará de financiar a AI. Por su parte, Amnistía Internacional, en un comunicado hecho público el 14 de junio, señala que jamás recibió ninguna clase de apoyo financiero por parte del Vaticano, y recalca que continuará defendiendo el derecho de las mujeres a “la integridad sexual y reproductiva frente a graves violaciones de derechos humanos”. “Somos un movimiento que protege a las personas, independientemente de las creencias que profesen, pero no imponemos creencias de ningún tipo. El nuestro es un movimiento que defiende los derechos humanos, no unos credos específicos. Nuestro propósito invoca la ley y el Estado, no a Dios. Esto significa que, en unas ocasiones, el marco laico de derechos humanos que Amnistía Internacional defiende coincide con los puntos de vista de ciertas comunidades basadas en una fe determinada, y en otras ocasiones no”, ha manifestado Kate Gilmore, secretaria general adjunta ejecutiva de Amnistía.


El día 19 la Iglesia publicaba una
Pastoral de la carretera, que incluye los diez mandamientos del buen conductor católico. Son estos:

1.- No matarás.

2.- La carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal.

3.- Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos.

4.- Sé caritativo y ayuda al prójimo, especialmente si es víctima de un accidente.

5.- El automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado.

6.- Convence a los jóvenes y a los que ya no lo son a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo.

7.- Brinda apoyo a las familias de víctimas de los accidentes.

8.- Reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón.

9.- En carretera tutela al débil.

10.- Siéntete tú mismo responsable de los demás.

Los diez mandamientos son de cumplimiento obligado, ya que incumplir las normas de circulación es pecado, a veces muy grave. La Iglesia añade a estos preceptos una serie de opciones de seguridad, encabezadas por la invocación a San Cristóbal, al Arcángel Rafael, protector de los viajeros, y a la Virgen Santísima. “El recurso a nuestros intercesores celestes”, señala el texto, “no debe hacernos olvidar la importancia de la señal de la cruz, realizada antes de emprender viaje”. Por si esto no bastara, existe una alternativa que podría denominarse protección integral: “Durante el viaje se podrá también rezar oralmente, alternándose en la recitación con los acompañantes, como por ejemplo en el rezo del Rosario que, por su ritmo y su dulce repetición, no distrae al conductor”.

El Vaticano hace bien en preocuparse por el bienestar de los católicos, pero no estaría de más que se ocupara también del funcionamiento del Istituto Per Le Opere Di Religione, es decir, el Vatican Bank. Tras siglos de descontrol, el año 1929 el Papa Pío XI encargó a Bernardino Nogara la centralización y la administración económica vaticana, que culminó en el Istituto. Michele Sindona, Roberto Calvi y Paul Marcincus tejieron los hilos de una red que investigaciones más o menos públicas vincularon con el blanqueo de dinero, con la logia masónica P2 y con el caso de tráfico de heroína de la familia Gambino en Nueva York. Todavía hoy se habla de la participación vaticana en empresas de fabricación de armas o en una importante industria farmacéutica que trabaja en el negocio de los anticonceptivos
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