Tarde horribilis

La clase de Derecho es soporífera, máxime en esta tarde de primavera llena de luz y esencias florales. El aula es una prisión para los condenados a la tortura de escuchar la organización judicial en el marco autonómico. La Virgen con el Niño, el crucifijo y sannoséquién, estoy rodeada de tallas religiosas, de compañeros soñolientos. Esto debe ser ilegal, pero dudo que alguno de los presentes se atreva a denunciarlo.

El tiempo se ha detenido en esta bruma imprecisa y de repente una vibración sonora dice: Tomen nota, es importante. Mediante el Decreto 421 barra… ¡Cielos! ¿En qué idioma habla este hombre? No logro descifrar una palabra. Miro a mi derecha, la chica rubia de la esquina me sonríe catatónica. Miro a la izquierda, por la ventana entra el sol y se divisa un trozo de cielo de un azul intenso.

El más valiente no duda, recoge sus apuntes y se larga. Si pudiera moverme, le seguiría, pero estoy derrotada por esta atmósfera surrealista contaminada de datos. Con el aburrimiento se desintegran las referencias y el tiempo se pierde, se vuelve irrepresentable, como los rostros de estos personajes supervivientes, propios de una teratología delirante.

Comentarios

Rodrigo ha dicho que…
ufff tu relato me recordó las mañanas eternas de estudio de todos los tipos de derecho, durante largos 6 años de leyes. Te compadezco y te mando desde Chile, mi más sentido pésame.