Russell pacifista

El 23 de diciembre de 1954, Bertrand Russell dio una charla radiofónica en la cadena BBC sobre los peligros que supondría para el mundo una guerra nuclear. “El peligro del hombre” obtuvo un gran reconocimiento y a modo de conclusión, ofrecía una serie de alternativas a los oyentes:

“No puedo creer que esto vaya a ser el fin. Desearía que los hombres olvidaran sus querellas por un momento y reflexionaran en que, si se permiten sobrevivir, existen todos los motivos para esperar que los triunfos del futuro sobrepasen de manera inconmensurable a los triunfos del pasado. Ante nosotros tenemos, si así lo decidimos, el progreso continuo de la felicidad, el conocimiento y la sabiduría. ¿Preferiremos, en cambio, la muerte porque no podemos olvidar nuestras querellas? Como ser humano, apelo a mis congéneres: recordad vuestra humanidad y olvidad el resto. Si así lo hacéis, el camino hacia un nuevo paraíso estará despejado; de lo contrario, no tendréis delante más que la muerte universal”.

Sus ideas hicieron que la vida de Russell llegara a un momento crucial, a partir de aquí se dedicó a reunir a los principales científicos mundiales y promulgó una solemne declaración, juntamente con Einstein, sobre la necesidad de evitar una guerra nuclear. El éxito de la llamada Declaración Einstein-Russell, apoyada por científicos tan importantes como Max Born, Joliot-Curie, Hideki Yukawa o Linus Pauling, proporcionó al filósofo el impulso necesario para lanzar el Movimiento de Pugwash. Este movimiento reunió a los principales científicos del mundo para que aportaran a sus respectivos gobiernos las maneras y los medios de evitar la guerra nuclear y contribuyó a la firma del tratado multinacional de 1962, que prohibía las pruebas nucleares, y al posterior tratado de no proliferación nuclear.

Russell se convirtió en el candidato natural a presidir la Campaña por el Desarme Nuclear, fundada en 1958, y su trabajo en ella le condujo al Comité de los Cien, más radical, y le llevó a prisión acusado de desobediencia civil por encabezar una manifestación en Trafalgar Square a la que asistieron más de 20.000 personas. Durante el juicio, Russell pronunció un breve discurso en el que justificaba la manifestación como último recurso: “Tanto el patriotismo como la humanidad nos instaron a buscar alguna manera de salvar a nuestro país y al mundo. Nadie puede desear el exterminio de nuestras familias, amigos, compatriotas y la mayoría del género humano, en una contienda en la que sólo habrá vencidos y ningún vencedor”.

Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki conmocionaron a Bertrand Russell y fue uno de los primeros en censurarlos y en alertar sobre la amenaza que supondría fabricar armas más destructivas que las bombas de fusión. Se aplaudieron sus iniciativas, nadie consideró excesivos sus temores, pero todos pensaron que sería un problema que le tocaría abordar a sus nietos.

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