Últimas palabras

La costumbre de registrar las últimas palabras de los moribundos, conocidas como novísima verba, tiene su origen en Grecia, pero se extiende a muchas otras culturas. Esta tradición tuvo especial apogeo en la Edad Media, cuando una de las obligaciones que recogía el “arte del buen morir”, género literario dedicado al tránsito a la otra vida, era precisamente pronunciar un mensaje final. Otra prueba de su relevancia es que el público asistía a las ejecuciones públicas no tanto para ver morir al reo, sino para escuchar lo que decía antes de morir.

Mezcla de realidad y leyenda son las palabras atribuidas a ciertos personajes, pero todas tienen en común el haber sobrevivido al paso del tiempo y conseguir que quienes las pronunciaron no fueran enterrados en el olvido.

“¿Creéis que he desempeñado bien mi papel en la farsa de la vida?” César Augusto.

“Pueden matar el cuerpo, pero no el alma”. Ulrico Zwinglio.

“Permanece, Sol. No te muevas”. Nicolás Copérnico.

“Ha llegado la hora de abandonar tu prisión y desprenderte de las cadenas de tu cuerpo. ¡Mucha suerte!” René Descartes.

“¡Viva la anarquía! Éste es el momento más feliz de mi vida”. George Engel.

“¿Pero los campesinos, cómo mueren?” Liev Nicolaievich Tolstói.

“Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros. Soy inmortal”. Bela Lugosi.

“Cuando muera, échenme a los lobos. Ya estoy acostumbrado”. Diógenes el Cínico.

“Yo quiero ir al infierno, no al cielo, donde sólo podré encontrar mendigos, monjes y apóstoles. En el infierno estaré rodeado de papas, príncipes y reyes”. Nicolás Maquiavelo.

“¡Que baje el telón, la farsa terminó!” François Rabelais.

“¡Lástima de cabeza! Creo que aún le queda algo dentro”. André de Chénier.

“Si no viví más fue porque no me dio tiempo”. Marqués de Sade.

“Ocho horas con fiebre. ¡Me hubiese dado tiempo a escribir un libro!” Honoré de Balzac.

“Tengo un duelo a muerte con el papel de la pared. Uno de los dos tiene que irse”. Oscar Wilde.

“No es que yo fuese superior, es que los demás eran inferiores”. Orson Welles.

“Que Dios ayude a mi pobre alma”. Edgar Allan Poe.

“Siempre he sabido que soy mortal”. Marco Tulio Cicerón.

“Puesto ya el pie en el estribo”. Miguel de Cervantes Saavedra.

“Muero como una rata envenenada en su madriguera”. Jonathan Swift.

“Tengo en la boca el sabor de la muerte. Siento algo que no es de este mundo”. Wolfgang Amadeus Mozart.

“He vivido como un filósofo y muero como un cristiano”. Giovanni Giacomo Casanova.

“Máteme o es usted un asesino”. Franz Kafka.

“¡Dispara, cobarde! Sólo vas a matar a un hombre”. Ernesto “Che” Guevara.

“La muerte es la llave de oro que abre el palacio de la eternidad”. John Milton.

“Sed naturales, mis niños. El escritor que es natural ha cumplido todas las reglas del arte”. Charles Dickens.

“Soy el más incomprendido de todos los hombres”. Jules Verne.

“Fracasé”. Jean-Paul Sartre.

“Ahora me iré a dormir. Buenas noches”. Lord Byron.

“¡Veo la luz negra!” Victor Hugo.

Comentarios

eulez ha dicho que…
y en este otro hay unas cuantas más.

A mi me gustan especialmente las últimas palabras del premio Nobel Richard Feymann, uno de los grandes genios del siglo XX:

"Odiaría morir dos veces. Es muy aburrido."

Unas últimas frases muy en concordancia con su forma de ser.
eulez ha dicho que…
Perdón, se me ha borrado parte del texto. El otro enlace era este.
dario ha dicho que…
También hay unas cuantas últimas frases, menos trascendentes pero más graciosas:

-¿Este perro muerde?

-¿Qué pasa si aprieto aquí?

-Esto sabe mal.

-¿Qué te apuestas a que llego a
la otra orilla?

-¿Seguro que me estás sujetando?

-¡Por encima de mi cadaver!

-¡Tu hermana tiene un buen polvo!

-¡No me rasques tan fuerte!

-Voy a cortar el azul.

-Tranquilo, no nos da.