La píldora de la liberación femenina

La FDA (Administración de Fármacos y Alimentos) norteamericana está a punto de aprobar un producto: Lybrel, una nueva píldora anticonceptiva que, al no contemplar descansos, inhibiría por completo la menstruación femenina. Este medicamento lo comercializa la farmacéutica Wyeth, un laboratorio que ganará 250 millones de dólares al año, pues, según sus estudios de mercado, dos tercios de las mujeres están dispuestas a tomarlo.

Al margen de la función contraceptiva y/o terapéutica del fármaco, su función principal, como han evidenciado centros de debate femeninos y feministas, es ahorrarse las molestias de la regla, que altera y limita en muchos casos la actividad normal de la mujer. Es otro eslabón más de la cadena que promueve el consumo de productos de todo tipo, útiles o no, ofreciendo supuestas ventajas sociales a cualquier precio. O, en otras palabras, el interés por imponer como positivo todo aquello que una sociedad ultraliberal, no el individuo, califica de necesario.

La menstruación afecta, en mayor o en menor grado, a las mujeres, también el embarazo, el puerperio, la lactancia… Pero la solución no es suprimir algo tan natural y consustancial al género femenino, sino que la sociedad acepte y adapte sus estructuras al hecho de que la mujer menstrua, da a luz… Porque la sociedad está constituida por hombres y mujeres, no por seres andróginos, que es lo que querrían algunos poderes. Lo malo es que nosotros les seguimos el juego en nombre de la libertad que nos proponen. ¿De qué libertad hablamos? De la de aceptar o no la propuesta de una empresa cuya finalidad no es ahorrarnos incomodidades menstruales a las mujeres, sino llenarse los bolsillos con nuestro dinero.

Pertenezco a ese fragmento de mujeres que desearía olvidarse para siempre de su menstruación y de las molestias e inconvenientes que la acompañan, pero no estoy de acuerdo en interrumpirla por capricho, ya que forma parte del ciclo hormonal de nuestro cuerpo y alterarlo arbitrariamente podría tener consecuencias negativas a la larga, como las que han tenido las terapias hormonales destinadas a paliar la menopausia, actualmente vinculadas con el desarrollo del cáncer. Claro que la campaña de promoción sólo se centra en los beneficios: eliminación del síndrome premenstrual, reducción del dolor y la hinchazón, además de un aumento en la productividad y una reducción de las bajas laborales, por no hablar del ahorro que supondría no tener que comprar cada mes compresas, tampones o analgésicos. Las razones laborales me espeluznan, por favor, señores de la Wyeth, las mujeres no somos vacas a las que se provoca el celo a voluntad del ganadero o a las que se inyectan antibióticos, tranquilizantes u hormonas para incrementar su producción de leche y hacerlas más rentables. ¡Somos personas! Y dado que la seguridad de esta píldora no está garantizada, las mujeres seremos conejillos de indias en un experimento sin control.

Comentarios

Aliki ha dicho que…
La inmensa mayoría de mujeres desearíamos no tener la regla, pero interrumpir el proceso biológico natural del organismo no debe ser muy saludable.

Me sumo a la reflexión: La mujeres no somos vacas manipuladas para producir más. Sería terrible que los empresarios eligieran como empleadas a mujeres sin menstruación para ahorrarse las bajas y "la falta de rendimiento".