Corre, corre

Vivimos en un tiempo dominado por la velocidad y obsesionado por la prisa. La historia reciente es una muestra del esfuerzo por conquistar nuevos límites de velocidad: desde los transportes a la velocidad de cálculo, pero también es la rápida sucesión de novedades y modas y la apresurada sustitución de objetos y personas. De nada sirve añorar épocas pasadas, en las que todo parecía más calmado.

“Cuanto antes”, “ahora mismo” y “ya” expresan el ritmo de la vida cotidiana. No hay ninguna concesión a la espera o, menos aún, a la paciencia. Ya no quedan elementos intermedios, la conquista de la inmediatez es veloz. Lo que se desea es llegar cuanto antes al destino: al conocimiento, a la riqueza, a la cima social.

El desarrollo tecnológico del siglo XX y de éste va encaminado a reducir el tiempo y las distancias, desde enviar un mensaje de forma instantánea a dar la vuelta al mundo en un trasatlántico, hay que romper límites y fronteras, ser raudo. Aunque ya no basta con esto, ahora hemos incorporado un elemento nuevo a la prisa: la aceleración. El empleo de expresiones como “estar acelerado” o “el ritmo acelerado de la vida” refuerzan esta idea.

“Ir acelerado” supone realizar algo de un modo urgente, y la urgencia, como la prisa, implica llegar a la meta cuanto antes, competir. La competitividad esconde siempre una dosis de violencia. Hacer todo deprisa implicar ser el primero, avanzarse a los demás conociendo las estrategias que permiten ser más rápido y apartar a aquellos que compiten por el mismo objetivo.

La prisa es un movimiento sin sentido, una enfermedad, el mal de esta época que nos impide vivir tranquilos.

Comentarios

Andres ha dicho que…
Las prisas no lo direis por esa tranquilidad con la que los funcionarios de este país a veces se toman su trabajo..
o los obreros que te están haciendo obras en el piso..
o lo que hay que esperar para que un especialista de la Seguridad Social te atienda..
o cuando pones una denuncia los años que tarda en que haya juicio..
o lo que tarda el AVE Madrid-Barcelona si se compara con el de Sevilla...
o lo que me tarda una carta a Cádiz a pesar de que la envié como urgente..
¡¡Perdón es por hacer un poco de abogado del diablo !!
En cualquier caso ni en un sentido ni en otro las cosas mejoran

Señor, señor ¡¡qué cruz!
Chusé ha dicho que…
La excepción a la regla del “corre, corre” la encontramos en el trabajo. Todos sabemos que para que algo salga bien, hay que hacerlo despacio. “Vísteme despacio que tengo prisa”. La aceleración la recuperamos para salir del currelo, ahí sí que vamos despendolaos.