Todo está escrito en los genes

La revolución que supuso el darwinismo, con sus innovadoras teorías sobre la selección natural, la supervivencia del más fuerte, la evolución de las especies, etcétera, fue sustituida por el marxismo y el freudismo. Mientras los darwinistas defendían a capa y espada que los genes determinan el destino de las personas, Marx aseguraba que era la clase social la que determinaba el destino del ser humano y Freud achacaba al drama edípico vivido en la familia el destino del individuo.

La controversia entre los fundamentalistas que atribuían a los genes o a elementos externos el destino del individuo, hicieron temblar los fundamentos sobre los que se sustentaban todas las creencias acerca de la naturaleza humana. ¿El mono evoluciona por sus propios medios hasta ser un hombre o el control social nos condiciona como si fuéramos piezas de una precisa obra de ingeniería? En los años cincuenta se impusieron las teorías de la dominación de clases y de la pulsión sexual, treinta años después tales teorías eran ya reliquias del pasado, supercherías, había nacido la neurociencia.

Ahora el destino del hombre está regido por la genética: la tendencia al alcoholismo, a la obesidad, a la ludopatía, a la poligamia, al asesinato, a determinados tipos de cáncer, a la felicidad o al pesimismo… Todo se halla escrito en los genes, hasta que alguien demuestre lo contrario.

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