Literatura putrefacta

¿Hasta qué punto es el mercado el que tira a la cuneta las ambiciones literarias? ¿Cuánta responsabilidad puede atribuirse a los grandes grupos? ¿Son los escritores gentes de madera noble, y los críticos y los periodistas la escoria? ¿Qué lugar ocupan los críticos en una sociedad que premia exclusivamente el éxito? ¿No tiene legitimidad, por otro lado, ese triunfo? ¿O sólo es legítimo lo minoritario?

"La amenaza más grave que hoy pesa sobre el escritor y el futuro mismo de la literatura es su rendición sin combate a los halagos del poder mediático y a las crudas leyes de la compraventa: el tanto vendes tanto vales que levanta hasta los cuernos de la luna a los fabricantes de bets-sellers y margina a quienes escriben sin anhelo de recompensa y permanecen fieles a la ética del lenguaje". Era Juan Goytisolo, en su artículo "Vamos a menos" publicado en el diario El País, el que abrió la polémica en el mundo de la literatura, y en el que ponía sobre el tapete los temas sobre los que todo el mundo cuchichea, pero pocos escriben.

Tengo la impresión de que se habla más de éxito que de literatura. Éxito es ventas, aparición mediática, repercusión crítica, reconocimiento, prestigio, es publicidad fabricada, una conexión especial con el público. El éxito nunca es suficiente, siempre hay alguien que vale menos y que tiene más. Ya pasaron los tiempos en los que un escritor se resignaba con mil quinientos ejemplares de tirada y con un adelanto de cincuenta mil pesetas. Y es legítimo: la literatura es algo más que una afición de domingo y los que escribimos tenemos derecho a querer una dedicación exclusiva a la literatura. Así que si nos vendemos a los grandes grupos o a los pequeños, lo hacemos con la esperanza de ser comprados y leídos, de estar en el escaparate y en la librería, y de que se sepa que estamos. Y si algunos aportamos un poco de alma y arte, mejor que mejor.

Pero la literatura es otro mundo, aunque, como los de Eluald, está en éste. Hablar de literatura es hablar de contenidos, de posiciones éticas, de propuestas estéticas. Sobre todo de propuestas estéticas, que son las que marcan las diferencias.

Que los editores fabriquen y promocionen determinados productos escritos y los propongan como literatura, es un escándalo y es un negocio. Pero debe ser la crítica la que tiene que poner las cosas en su sitio y evitar que al público le den gato por liebre. La lástima es que hay poca crítica independiente, rigurosa, veraz, que vaya más allá de los intereses espúreos, que no tenga una editorial detrás.

El prestigio literario de un escritor se cocina en las redacciones de las revistas y suplementos literarios y los guisa el crítico que propone lo que le va. En el plato aparecerá una valoración: doble página o quince líneas, que llevará el aderezo de la línea crítica de la revista o el suplemento. Al final, los redactores jefes de estas publicaciones son los que tienen el verdadero poder.

¿Dónde está el límite? Si el éxito en sí mismo no es malo, no es imputable, y es deseable, a ver quién es el guapo que tira la primera piedra. Yo no. ¿De qué nos quejamos en realidad, de nuestros agravios comparativos y personales? ¿Qué debate es el que falta? Yo echo en falta que no se hable más de literatura, libros, tendencias, calidad, cultura, grandes temas, temas que no sean los tan trillados fama y dinero.

Comentarios

almena ha dicho que…
Los editores buscan incrementar su cuenta de resultados. Su función.
Pero... ¿Qué buscan los críticos? ¿cumplen con su función?

Un gran abrazo, María
David ha dicho que…
El mundo es un gran mercado que incluye a la literatua.
Azófar ha dicho que…
Ya es un tema viejo, pero siempre será actual y vivo. Sólo decir que mucho ganaría la novela si muchos novelistas adoptasen una noción de éxito más próxima a la que tienen los poetas: no en cuanto a números (de ventas y beneficios materiales o de honores y galardones), sino en cuanto a la calidad de los textos, al amor por la palabra y su multiplicidad de sentidos y silencios. El problema es que casi todos los implicados en la cadena (editores, agentes literarios, escritores y críticos, además de los propios lectores) entienden que para que una novela tenga éxito debe ser comunicativa, enganchar y mostrar un estilo propio del autor, o sea una "marca de la casa". Los escritores que prefieren jugar con las palabras y con las reglas y técnicas narrativas difícilmente pueden aspirar a obtener ese tipo de éxito. Su valor consiste, precisamente, en que lo que les interesa es otra cosa: por eso valen la pena.
O.T. Socas ha dicho que…
Hola María, excelente artículo. Por eso los blogs me parecen muy buenos, así publican los impublicables y tenemos la oportunidad de leerlos aunque no hagan dinero.
Acá en USA, para los de origen hispano o latino hay una sola vía de publicar, y es escribir de su grupo social nada más y si es narrando sus vidas miserables mejor. Una manera de mantenerlos en el ghetto literario. Los escritores de habla hispana, así escriban en inglés, no importa, igual deben seguir ese principio.