Biocarburantes, una opción poco rentable

Una tesis doctoral desarrollada por el Departament d’Economia de la Universidad Autònoma de Barcelona (UAB) concluye que, a largo plazo, los biocarburantes son tan caros como los carburantes tradicionales y no implican mejoras medioambientales. El trabajo, elaborado por Daniela Russi, alerta del peligro de presentar los biocarburantes como “la varita mágica para resolver problemas como el precio del petróleo, el cambio climático, la seguridad energética o la contaminación urbana”.

En 2003, la Unión Europea publicó una directiva que establecía que entre el 2 y el 5,75% de toda la energía usada en el sector del transporte entre los años 2005 y 2010 tenía que derivar de biocarburantes, pero como en 2007 el objetivo no se ha conseguido y ni se ha llegado al 1%, se están adoptando medidas en toda Europa para incentivar su uso.

Actualmente, los combustibles fósiles no son competitivos y se incentiva el uso de biocarburantes con subsidios agrícolas otorgados por la Unión Europea, beneficios fiscales y con proyectos piloto para empresas de transporte público, como por ejemplo Transportes Urbanos de Barcelona, que se financian con recursos públicos.

El soporte al uso de los biocombustibles se basa en el hecho de que no aumentarían la concentración de CO2 en la atmósfera, ya que el CO2 que desprenden en la fase de combustión es el que han absorbido en la fase de crecimiento de las plantas gracias a la fotosíntesis, y resolverían parte del problema de escasez de fuentes energéticas.

En este análisis del ciclo de vida de los biocarburantes se dice que el ahorro no es tan grande como parece, y puede ser incluso más costoso, ya que las materias primas se consiguen con técnicas de agricultura intensiva, que suponen el uso de pesticidas y fertilizantes, derivados del petróleo, y maquinaria impulsada por petróleo. Añade el estudio que si no fuese así, los biocarburantes necesitarían más sol, algo que haría que la productividad fuera menor, y el resultado sería más caro y menos competitivo que los combustibles tradicionales. Además, en el transporte, procesamiento y distribución se usan combustibles fósiles. El ahorro de energía y de gases de efecto invernadero sería también muy modesto y se situaría por debajo del 1% de las emisiones de la UE. Si se tienen en cuenta las emisiones por transporte de semillas oleaginosas importadas y las importaciones de alimentos que serían sustituidos por los cultivos energéticos, el ahorro sería aún menor, y si las semillas fueran importadas de países extra comunitarios, el resultado podría ser incluso negativo. En cuanto a la contaminación urbana, los resultados serían muy modestos.

Los costes en términos de necesidad de tierra cultivable para los biocombustibles a gran escala serían preocupantes, se necesitarían 17 millones de hectáreas en Europa, un cinco por ciento del suelo agrícola europeo, hecho que obligaría a sustituir el cultivo de alimentos y a un considerable aumento de las importaciones de estos.

Una prueba de las consecuencias negativas de un aumento de la producción de biocombustibles la hemos tenido recientemente en México. El aumento en los mercados internacionales de los precios de las materias primas, como el maíz, ha hecho que su precio se incrementara un 30% a causa de la demanda de Estados Unidos para producir etanol.

Comentarios

Chusé ha dicho que…
Pues apañaos estamos.
KameraSam ha dicho que…
Pues aqui en Aragón, algunos se han creido que es la panacea y ya estan viendo el Negocio.

Los Autubuses TUZSA llamados falsamente ECOBUSES son una prueba de ello.

De manera muy eventual se pueden utilizar, pero no son combustibles limpios y mucho menos ecologicos...