Capitán América

Steve Rogers era un estudiante de arte ansioso por servir a su país, pero fue rechazado por el ejército estadounidense por su aspecto escuálido. Aceptó someterse a un experimento científico para convertirse en un “super soldado” y la sustancia que le administraron le convirtió en una mole de músculos perfecta. Armado sólo con un escudo, su fuerza, su inteligencia y un extraordinario dominio de las artes marciales se convirtió en super héroe por obra y gracia de Joe Simon y Jack Kirby.

El pasado jueves fue asesinado por un francotirador, que le disparó bajo su escudo a las puertas del Palacio de Justicia de Nueva York. El centinela de la lucha por la libertad y los derechos fue asesinado por negarse a aceptar una ley antiterrorista promulgada por el Gobierno que ordena a los superhéroes a entrenarse de manera similar a los militares y policías. La ley generó la crispación entre los super héroes y derivó en la formación de dos facciones: una de oposición liderada por el Capitán América, y otra progubernamental, promovida por el Hombre de Hierro. El Capitán América, que consideraba la medida legislativa como una erosión de las libertades civiles, había decidido emprender una lucha judicial contra ella, pero lo único que ha conseguido es que le maten. Su presunta asesina es una agente de inteligencia enamorada de él.

La muerte del personaje, a los 66 años, pone fin a una larga carrera de brillantes actuaciones contra el mal, pero seguirá generando dividendos a sus creadores. Ya se proyecta perpetrar la correspondiente película, por lo que deduzco que esta supuesta muerte es el inicio de una campaña propagandística para resucitar el mito, cuyo éxito iba ya de capa caída.

Comentarios