300 espartanos

A Frank Miller le impresionó la Batalla de las Termópilas después de haber visto la película El León de Esparta y, años más tarde, realizó su propia versión de los acontecimientos, trasladando la película al cómic bajo el título: 300 y recibiendo por su adaptación tres de los galardones de los Premios Eisner de 1999: Mejor serie limitada, Mejor guionista-dibujante y Mejor color. En España se reconoció su trabajo concediéndole el Premio a la Mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona de 1999.

A mí también me cautivó la hazaña de las Termópilas al descubrirla en un libro de historia. Corría el año 481 a. C. y una formación de la Liga militar griega (Simnaquia helénica) dirigida por Esparta se enfrentaba a los persas en la segunda guerra médica. Las tropas helenas plantaron cara al poderoso ejército medo de Jerjes en el cabo Artemisión, y en junio de 480 el rey Leónidas se sacrifica con 300 espartanos y otros 5600 guerreros para cubrir la retirada del grueso del ejército griego, tras haber luchado con arrojo durante dos días defendiendo el desfiladero de Termópilas. Siempre me admiró aquel coraje ante la inevitable derrota y la heroicidad de aquellos hombres que entregaron sus vidas y con ello permitieron a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse de manera ordenada y conservando sus efectivos.

Ahora que la historia llega al cine, no podía perdérmela. El director Zack Zinder adapta el cómic de Frank Miller y recrea fielmente las escenas dibujadas, siguiendo una técnica similar a la novedosa Sin City. La película constituye una traducción literal de lo plasmado en tinta y papel, el mismo Miller ha desarrollado los encuadres, la perspectiva, las luces, las sombras, los diseños, los diálogos, las secuencias y el resultado es impresionante y, visualmente, muy atractivo. El dramatismo se realza con unos acordes poderosos y, aunque se abusa de la cámara lenta, el conjunto logrado es sorprendentemente efectivo.

Que nadie busque rigor histórico porque la película poco tiene que ver con la realidad. El relato es exagerado e inverosímil, maniqueo y salpicado de diálogos panfletarios sobre el honor, la libertad y la justicia. Pero es que el filme se basa en un cómic y no en los hechos, algo que no le impide convertirse en una experiencia visual fantástica, una magnífica y desbordante epopeya de valentía, sangre y muerte.


Comparativa visual entre la película 300 y el cómic:
Solace in Cimema.

Comentarios

Chusé ha dicho que…
A mí también me ha gustado la peli. Tiene una estética muy lograda y atractiva.
almena ha dicho que…
Me has convencido
:)
Ya me la he apuntado

besos, María