5 de febrero de 2007

Definir la pornografía

Si queremos juzgar moralmente a la pornografía, habría que identificarla previamente. ¿Qué es pornografía? Para que una representación pública sexualmente explícita sea considerada pornografía, hace falta algo. ¿Qué? La intención del autor de excitar sexualmente al público. Pese a ser una definición fluctuante sobre la que no existe mayoritario consenso, lo que distingue a la pornografía de una obra de arte, pongamos por caso “Las tres Gracias” de Rubens, o de una foto ilustrativa en un manual para comadronas, es un factor meramente subjetivo.

Si pensamos en las imágenes de Jeef Koons, iconos de nuestro tiempo, presentadas en galerías y museos, ¿en qué difieren de los grabados de finales del siglo XVIII? Muchos de estos grabados se realizaron con la estricta y explícita intención de estimular sexualmente a sus compradores, sin embargo, ¿los vemos ahora como obras pornográficas? Hoy tienen la valoración de arte. Entonces, ¿qué ha de sentir el público? Si una obra concebida como pornografía no excita, ¿deja de ser pornográfica? El criterio de las posibles reacciones del público no parece un baremo mejor que el criterio de las intenciones del autor.

Decirle a un autor que su obra es pornográfica, no es precisamente un cumplido, pues el término pornografía tiene una evidente connotación peyorativa. En cambio, calificar una obra de erótica, es positivo. Yo encuentro que la diferencia entre erótico y pornográfico no es descriptiva, sino evaluativa, y me quedo con la definición de Robbe-Grillet: “La pornografía es el erotismo de los otros”.

3 comentarios:

Naxos dijo...

Lo que define a la pornografía es el exceso del detalle, es decir: manifestar abierta y explícitamente el detalle del detalle. En la imagen este detalle tiene un aliado técnico: el acercamiento o close up, el cual recorta la escena y hace de ella un exceso que detalla en su recuadro la acción o el punto de interés, y ello a pesar de que su movimiento sea de cierre respecto de lo que se ve. Y si consideramos que la teoría del detalle dice que el detalle es capaz de reconstruir una totalidad, de evocarla o de decirnos todo de ella, aún siendo tan sólo una parte de ella, pero que contiene todo lo que de ella hay que ver, sentir o reflexionar, podemos decir que una escena pornográfica es tanto el acercamiento que presenta el acto sexual en su abierta genitalidad, como el beso telenovelesco que presenta un beso apasionado donde igualmente fluidos e intercambios, nexiones y conexiones se hacen explícitas. Ambas circunstancias se magnifica la acción sin pudor alguno, es decir, ya que se publica para ser vista por alguien más, pero la definición está más en el detalle, ya que su propia naturaleza está dada a ser vista a cierta distancia y reconocida -digamos- por "un tercero" que evoca la totalidad que no se ve. Pero cuando esas cosas las hacemos en privado y en nuestra intimidad, esto es, sin que sean publicadas, por más "wild" o "hardcore" que sean en la acción, no son susceptibles de ser pornográficas.

saludos

Eudald dijo...

La percepción de diferencias entre: documento de carácter sexual, erotismo y pornografía cambia a lo largo del tiempo, según se modifican las costumbres colectivas, históricas y sociales. Lo que fue considerado pornográfico por la mayor parte del público en un momento y lugar determinados nos resulta actualmente de una mojigatería ridícula.

Se me ocurre como ejemplo el escándalo que supuso a principios del siglo pasado el acortamiento de la falda femenina. Cuando subió al tobillo, la sociedad puritana se escandalizó, pero cuando en 1925 aparece en las pasarelas la falda a la altura de las rodillas, la indignación de la sociedad masculina llegó al extremo de que el arzobispo de Nápoles atribuyera un terremoto ocurrido en Amalfi al enojo de Dios por la falda corta femenina. Hoy el toplest de nuestras playas nos parece normal y, no hace tanto, la sociedad volvió a estremecerse cuando las mujeres enseñaron públicamente sus pechos.

La sensibilidad personal de cada uno, la impuesta por los usos sociales, por la religión… marcan la frontera entre lo aceptable y lo obsceno.

Javier dijo...

Coincido con tu instruido criterio de autora porno. El término pornografía es totalmente subjetivo. En un recorrido por el rastro madrileño me encontré con un puñado de postales eróticas, de esas que circulaban a escondidas por los salones de principios del XX. Eran unos retratos en sepia de mujeres desnudas, pretendidamente artísticas y explícitas, solo que la estética de aquellos años me parecía trasnochada y las señoritas un poco gordas y fofas, comparadas con los actuales cánones. Fui pasando fotos mojigatas, incluso cursis, hasta que me encontré con una, ésta sí me excitó, tal vez fuese la postura. Para mí sólo ésa imagen era pornográfica, fue la única que cumplió su cometido.