Pese a todo

A pesar del progreso, la causa femenina aún tiene tres grandes escollos por resolver: el maltrato a la mujer, las diferencias salariales entre hombres y mujeres y el desigual reparto de las tareas domésticas. Tal vez sean los problemas más difíciles de solventar porque para ello se requiere un cambio previo en la mentalidad de la sociedad. Las teorías antidiscriminación son conocidas por todos, son unánimemente aceptadas, pero no basta con saber que el hombre y la mujer son iguales, hay que actuar en consecuencia.

En el siglo XXI, en una sociedad moderna y avanzada como la nuestra, todavía hay mujeres que son maltratadas y asesinadas por sus parejas, mujeres que son criadas en su propia casa y, además, las mujeres que no ocupan cargos de responsabilidad en la misma proporción que los hombres.

También resulta lamentable constatar que existen mujeres que ocultan y se sienten responsables de las agresiones que sufren. Así como hay hombres que contemplan estos hechos desde lejos, sin involucrarse en una causa que “no es la suya”.

Las mujeres seguimos luchando para lograr una paridad con el hombre, sin embargo, nos movemos en un territorio plagado de prejuicios, en un territorio masculino porque, no nos engañemos, si existen leyes para garantizar la igualdad es porque aún no somos considerados iguales.

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