El genio

La aureola que envuelve al genio literario como una nube está íntimamente relacionada con el egotismo. ¿Qué es un genio? Un genio, según la idea habitual, es una persona que posee unos dones especiales que la sitúan por encima del mundo y sus preocupaciones vulgares. Por tanto, se le ha de conceder un trato especial, a causa de sus dones y la sensibilidad que se supone le atormenta día y noche.

Un pensamiento concomitante _y de aquí proviene la asociación con el alcoholismo_ es que, a demás de ser sensibles y poseer dones especiales, los genios son almas atormentadas y autodestructivas que se abandonan a la bebida, las drogas y acaban suicidándose para aligerar la angustia existencial de ser artistas. Se trata de la falacia de los “demonios y los ángeles” de Rilke, según la cual el sufrimiento de los artistas es intrínseco y se produce a un nivel más elevado que el de la gente de la calle. En cualquier otra profesión, parece evidente que el alcoholismo o la locura serían un inconveniente y no una ventaja, pero el arte se ha contagiado de un curioso romanticismo perpetuado por artistas astutos (o que, en el mejor de los casos, se engañan ellos mismos) y biógrafos sorprendentemente incautos.

Es asombroso que todavía predomine la idea de que, por ejemplo, el alcoholismo y la depresión profunda que puede acompañar a la retirada brusca del alcohol, testimonien la “terrible certeza de que el arte más elevado sólo puede estar producido por las almas más atormentadas”, por citar un ingenuo reportaje periodístico dedicado a la experiencia de un escritor sometido a una cura de abstinencia.

¿Cuál es el origen de este gran equívoco sobre la manera en que se produce el arte y la gente que lo produce? Hace un siglo y medio, en su ensayo “La salud del auténtico genio”, Charles Lamb especulaba: “El origen del equívoco es que el hombre, hallando en el éxtasis de la alta poesía un estado de excitación sin parangón en su propia experiencia, dejando de lado la falsa similitud con los sueños y la fiebre, atribuye al poeta un estado febril y soñador. Pero el verdadero poeta sueña despierto. No está poseído por el tema, sino que lo domina”.

La extensión lógica de la tesis de Lamb es el autodominio de Gustave Flaubert, inigualable en su laconismo y sentido común: “Sé regular y ordenado en tu vida, como un burgués, para poder ser violento y original en tu obra”. Esta especie de sabiduría casera no se aviene con la imagen sentimental del lastre trágico del artista, para quien el bloqueo del escritor es un accesorio perfecto. Un escritor que no puede escribir. ¿Hay algo más dramático que eso? Podemos afirmar con toda seguridad que la vida tiene para todos una vena trágica, pero el verdadero sufrimiento del artista es soportar la angustia y el tedio cotidiano de “girar las frases continuamente”, de vivir en medio de la evolución insoportablemente lenta de sus capacidades.

Hay muchas personas sensibles que padecen terriblemente, pero no todos, ni la mayoría, ni siquiera la mitad son artistas. Los artistas que, como seres humanos, se encuentran afligidos por la enfermedad mental o el alcoholismo crean su obra a pesar de sus debilidades, no a causa de ellas. Esta lucha prosaica, no la falsa pátina romántica de sus debilidades, constituye su verdadero potencial de heroísmo. Franz Kafka creó grandes obras de arte pese a su conspicuo odio, no a causa de él. Convirtiendo su lucha interna en la materia prima de su obra, consiguió una gran victoria.

En la personalidad del genio destaca el componente narcisista de una personalidad inmadura que destila sentimientos de inferioridad y este rasgo debe enjuiciarse desde un punto de vista humano, sin racionalizarlo como el rasgo distintivo de un genio. Parafraseando a Jonh Stuart Mill, primero somos hombres y mujeres, después somos artistas. Para madurar como escritor hace falta madurar antes como persona. Los artistas pueden ser más sensibles y perceptivos que la media, pero en los otros aspectos de la vida comienzan desde cero, exactamente igual que los demás.

En ultima instancia, las verdaderas obras de arte no surgen del deseo de ser un genio o del de ser famoso, nacen de un estrato más profundo de recursos emocionales y espirituales del ser humano. Cuando Keats se esforzaba por escribir su Hiperyon, eternamente pospuesto y víctima de un bloqueo crónico, su amigo Haydon le instó a terminar el poema, y la respuesta de Keats fue que había decidido “no escribir nunca más por el solo hecho de escribir, o de componer un poema”. Cuanto más luchaba Keats con este poema, más cuenta se daba de que la gran poesía no se puede llegar a escribir por una mera ambición, ni tan sólo en función de un don para el lenguaje noble, sino por un conocimiento de la vida que aún no había adquirido.

Para llegar a ser un verdadero genio hay que ser consciente de las propias limitaciones y admitir que no siempre nuestras capacidades y nuestra experiencia están a la altura de las elevadas intenciones de una obra.

Comentarios

la niña de la escalera de caracol ha dicho que…
“Entonces, doctor, ¿según usted todos los novelistas, hombres y mujeres, son unos neuróticos?”, pregunta André Maurois en Tierra de promisión. “Para ser más exactos-responde-, todos serían unos neuróticos si no fueran novelistas…La neurosis hace al artista, y el arte cura la neurosis.”

Por fin un lugar dónde poder leer cosas con sentido.Me alegra comprobar que no todos los que creais páginas cómo esta estais invadidos por un profundo egocentrismo.
A por cierto, escribí algo la otra noche en el apartado "inteligencia o intelectualidad"...me gustaría que me dijerias que opinais.
Gracias.
almena ha dicho que…
Puede decirse más alto, pero no más claro.
Un besazo, María
david santos ha dicho que…
Maria, hola!
Gran trabajo, gracias.
DDAA ha dicho que…
Coincido con María en que el mito del artista atormentado es una gilipollez pero, por otra parte, es imposible concebir la obra de autores como Lowry o Burroughs sin hacer referencia a sus adicciones. No creo que Bajo el Volcán o el Almuerzo Desnudo hubieran llegado a existir sin el alcohol o la heroína.

Y luego estarían los adictos al autodominio o al trabajo. Había una cita de Escher en la magnífica exposición que actualmente se presenta en Madrid donde el holandés se quejaba precisamente de no poder abandonar su trabajo para gozar de un día soleado. La fórmula de Flaubert sería estupenda para él, pero no necesariamente habría de serlo para otros.
Æ ha dicho que…
La paradoja universitaria: Las universidades del mundo hoy día alumbran sus aulas y recintos por la bombillas inventadas por un empírico llamado Thomas Alva Edison, la corriente alterna que llega a ella también la poseen gracias a un autodidacta que no culminó su carrera académica como lo fue Nikola Tesla y finalmente el sistema operativo que contienen los ordenadores conque hoy estudian, trabajan y a los cuales confían su flujo de información la inventó un desertor académico llamado Bill Gates. Autor. William Mercay