Circuncisión

En su obra “Journal de voyage”, Montaigne relata una circuncisión: El circuncidador (mohel) utiliza un cuchillo que previamente se ha colocado bajo el cojín de la madre a fin de asegurar los mejores favores. Estira el pene, bloquea la piel, aparta el glande, corta en vivo, sin anestesia, para cortar el prepucio. Después de tragarse un sorbo de vino que durante este tiempo conservaba en la boca, chupa la herida (la aspiración ritual se llama méziza), luego aspira la sangre para evitar que se quede en el fondo de la herida, dice el Talmud. Lo escupe y lo repite dos veces más. Entonces el niño entra en la comunidad: le ponen el nombre.

El rito no ha cambiado, méziza incluida.

Según la hipótesis formulada por dos filósofos judíos: Filón de Alejandría en “Quaestions in Genesim” y Moisés Maimónedes en “La guide des égarés”, la intención y el objetivo de esta operación es debilitar el órgano sexual, devuelve al individuo a lo esencial, evitando que malgaste en fatuidades eróticas una energía que sería de mayor provecho loando a Dios; debilita la concupiscencia y facilita el dominio de la voluntad. A esto se puede añadir que altera las posibilidades sexuales e impide un placer puro, por sí mismo; escribe en la carne y con la carne el odio al deseo, a la libido y a la vida; significa el dominio de las pasiones mortíferas al mismo lugar de la pulsión de muerte, que vuelve contra uno mismo, como siempre.

La circuncisión, tanto la masculina como la femenina, es una mutilación: suprime, sin una razón médica, una parte sana del cuerpo de un niño o de una niña que no ha consentido. Sin embargo, la ablación del clítoris o la infibulación femenina hieren más nuestra sensibilidad Occidental que la circuncisión masculina.

El derecho impide cualquier intervención quirúrgica sin que esté justificada médicamente por una patología demostrada. El prepucio no es una patología por sí mismo y en un plano fisiológico, la superficie de la piel que se extirpa corresponde a la mitad o a las dos terceras partes del recubrimiento tegumentario del pene. Esta zona de treinta y dos centímetros cuadrados en un adulto (piel externa e interna) concentra más de mil terminaciones nerviosas, entre ellas doscientas cincuenta terminaciones de nervios. Por tanto, es una resección de una de las estructuras más inervadas del cuerpo. La desaparición del prepucio, que algunos pueblos primitivos comen, disecan, pulverizan o conservan, conlleva una cicatriz en circunferencia que se queratiniza con el tiempo, la exposición permanente de los tejidos a los roces actúa me forma abrasiva sobre la piel, que se endurece y pierde sensibilidad. El secado de esta superficie y la desaparición de la lubricación suponen incomodidad en las relaciones sexuales para los dos miembros de la pareja.

Desde Israel, N. R. me ha facilitado unos apuntes muy interesantes sobre el ritual de la circuncisión que me han llevado a investigar más a fondo el tema. A él va dedicado este artículo.

Comentarios

Toy folloso ha dicho que…
Pues mira que yo lo tenía entendido al revés. Que la circuncisión se hacía por motivos higiénicos y en cierta medida para que el roce "curtiera" al glande, hipersensible cuando siempre lleva su abrigo de piel.
En tiempos del "nene, pito, caca" tuvieron que circuncidar a bastantes varones que intentaron "desenfundar" por primera vez a los diecisiete o más años y la piel no tenía elasticidad para hacerlo. Hay que enseñar a los chavalines a descapullar habitualmente, por ejemplo, cuando se bañan.
La semana pasada me discutí con un gambiano que me contó que se irían a su pueblo unos días con la familia.
-A ver que le harás a tu hija, le dije.
-La tradición, me contestó.
-Estúpido torturador, parece mentira que tengas estudios universitarios y seas tan religioso, ¿de verdad tienes cerebro?.
Es contra la circunsición femenina que hay que hermanar esfurzos.
Anónimo ha dicho que…
Pues you pienso que hay que hermanar esfuerzos tanto contra la mutilación genital femenina como contra la masculina, aunque esta última sea físicamente menos grave que la femenina, las dos son mutilaciones forzosas a seres indefensos.
David ha dicho que…
Me cuesta aceptar que en el siglo XXI sigan vigentes prácticas tan bárbaras y primitivas aplicadas a ambos sexos. La descripción de la méziza me ha producido un escalofrío y sólo la he visualizado mentalmente.
almena ha dicho que…
Realmente dan escalofríos las explicaciones de tu post.
Increíble en nuestros días.

Un beso!

(he cambiado al nuevo blogger, por eso otra plantilla... aún estoy recomponiendo el blog)
:)
Pili ha dicho que…
¡Por Dios! Nunca mejor dicho. Hasta dónde llega la religión.
Chusé ha dicho que…
Chupa, escupe. Chupa, escupe. Chupa, escupe. Brrrraaag. Pobre criaturica.
Pedro ha dicho que…
¡Qué tontería!

Como ya dijo toy folloso, hay muchísimos motivos higiénicos que respaldan la circuncisión masculina. Cuántos problemas se evitan con ella, con cortar piel. Será que como no tienes polla, todo te resulta una entelequia interesantísima. No te tienes que preocupar de fimosis, ni de descapullamientos dolorosos (o sea, imposible follar sin rasgardura, sangrado y dolor), ni de la porquería que se te acumula si no estás pendiente todo el tiempo.

Por otro lado, cuántos problemas médicos crea la mutilación femenina, donde se corta un órgano en el mejor de los casos, en el peor órgano y labios.

Tan guay y equitativa quieres parecer que no dices más que superficialidades.
Toni ha dicho que…
No confundamos, una cosa es el ritual de religioso de la circuncisión (señal de un pacto con Dios) y otra una operación de fimosis. Si la extirpación del prepucio obedece a razones médicas y está justificada por un problema de salud, se convierte en una medida terapéutica, pero cuando se practica sin que exista ninguna causa que la aconseje, se trata de la mutilación o amputación de un tejido sano.

En la actualidad, no es necesaria una circuncisión para tratar la fimosis y la intervención quirúrgica permite conservar la piel del prepucio.
Javier ha dicho que…
Estoy intrigado. ¿Qué motivos higiénicos justifican la circuncisión? Igual soy un ejemplar único en el mundo, pero a mí me cuesta dos segundos retirar el prepucio y ponerlo bajo el chorro de la ducha. Pierdo más tiempo lavándome el pelo (también por razones higiénicas) y no por eso me corto la cabeza, la de arriba se entiende. Supongo que aún quedan hombres que se la cogen con pinzas, porque cogérsela con la mano es pecado, y que cuando les toca usarla se encuentran con que no hay manera de mover aquello. Pero la mayoría de los hombres jóvenes y de mediana edad sabemos cómo cuidar nuestra “herramienta” para que esté siempre en perfectas condiciones. Sólo un ínfimo porcentaje de varones necesita una operación de fimosis.

Le recuerdo a “Toy folloso” (bonito nick) que en la circuncisión religiosa que se describe en el artículo, nadie le pide el consentimiento al bebé. Por tanto, se trata de una mutilación. Para realizar una operación de fimosis, el médico debe contar con el consentimiento informado del paciente.

Bien, María, supongo que con tantas aportaciones habrás entendido algo más de esta interesante entelequia masculina. (Entelequia, según Aristóteles: hecho de poseer la perfección). Como si a estas alturas de la vida tú no supieras…

Desde Nablús, te recuerdo.