Maltrato infantil

El año 1962 fue un año importante para los derechos de los niños. La Journal of the American Medical Association publicó un artículo escrito por Henry Kempe y sus colaboradores: “El síndrome del niño golpeado”, que marcó un hito histórico. Hasta entonces, en toda la historia de la humanidad nadie se había preocupado por proteger a los más pequeños de la violencia y de los malos tratos, desde ese momento, se reconocía de una manera pública y generalizada que dicho problema exigía actuaciones e investigaciones urgentes. Los malos tratos a los niños adquirían así el estatus de problema social.

Los médicos y luego los sociólogos empezaron a ocuparse del asunto y estudiaron la “nueva” problemática. Poco a poco, la sociedad en general reaccionaba escandalizada, con expresiones de asombro o ira, también con bastante hipocresía, a la vista del tiempo que costó introducir una nueva mentalidad cultural, social y comunitaria. Y es que la historia nos proporciona innumerables ejemplos de unos actos que hoy calificaríamos como crueldad, explotación, vejación, violación, explotación o asesinato, pero que en su tiempo fueron prácticas habituales, en sintonía con las normas culturales.

Por ejemplo, hombres tan notables e ilustres como Platón o Aristóteles alababan el poder absoluto que los padres ejercían sobre los hijos. En uno de sus Diálogos, Platón dice: “Puesto que fuiste traído al mundo y criado y educado por nosotros, ¿puedes negar que eres nuestro hijo y nuestro esclavo?” En la Roma antigua, la patria potestad otorgaba al padre derechos casi ilimitados sobre sus hijos, a quienes podía incluso abandonar o vender. El infanticidio ha sido ampliamente practicado en todo el mundo. Los niños con discapacidades físicas o mentales han sido cruelmente tratados o se les ha negado el derecho a vivir. Para garantizar la duración de sus estructuras, se han enterrado vivos en edificios públicos y puentes a niños recién nacidos. (Cimientos del puente de Londres). Se los ha arrojado a los ríos para asegurar la fortuna y las buenas cosechas. También se los ha prostituido, vendido y explotado sexualmente. En Inglaterra no era raro encontrar a niños encadenados que trabajaban diecisiete horas diarias en las factorías, una situación que empezó a cambiar durante el siglo XIX, cuando aparecieron reformas como la promulgada por el Parlamento en 1830, que prohibía a los menores de diez años trabajar en minas subterráneas y limitaban la jornada laboral infantil a diez horas.

Hay un caso escalofriante que nos permite hacernos una idea de cómo estuvieron las cosas hasta el siglo XIX. Una Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales se hizo cargo de la defensa ante los tribunales de una niña a la que su madrastra maltrataba de manera brutal, para hacerse asumir la defensa, esta sociedad alegó que, puesto que la niña pertenecía al reino animal, y los animales sí que estaban legalmente protegidos de la violencia a la que era sometida la niña, merecía al menos la misma protección que un perro común. El alegato tuvo éxito y dio pie a la creación en 1874 de la primera Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños.

El 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos de los Niños, un documento que era justamente eso: un documento, un papel mojado no vinculante para los países miembros. Tuvieron que pasar treinta años para que la relajada conciencia internacional aprobara la Convención de los Derechos del Niño, y tres años más, 1992, para que el Consejo de Europa promulgara la Carta Europea de los Derechos del Niño.

En la actualidad, el maltrato a los niños se considera un problema social, lo que no significa que se haya erradicado, ni mucho menos. Todavía hay millones de niños en el mundo que sufren todo tipo de abusos.


Violencia contra los niños

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