Electrosensibilidad

En 1977, expertos de la Unión Europea definieron el denominado Síndrome de Electrosensibilidad como una hipersensibilidad a los campos electromagnéticos. Según estudios realizados en países del norte de Europa, las personas electrosensibles pueden ser entre un 20% y un 25% de la población, es decir, una de cada cuatro o cinco personas.

Desde 2002, en Suecia se reconoce la electrosensibilidad como causa de incapacidad laboral (invalidez física) y amenaza con convertirse en la plaga del siglo XXI.

La proliferación de aparatos sin cables afecta a todos los seres vivos y se ha observado que hormigas, murciélagos, ratas y rebaños quedan afectados por las radiaciones electromagnéticas. Hace poco, un estudio británico informaba de la muerte de 10 millones de pájaros en las inmediaciones de las antenas de telefonía móvil.

La contaminación por campos electromagnéticos (CEM) puede provocar efectos neurológicos a corto y medio plazo: insomnio, somnolencia matinal, pérdida de la memoria, cefaleas, mareos, vértigo, fatiga crónica, atonía, desinterés, depresión, etc. A largo plazo pueden aparecer otros efectos biológicos como patologías cardiovasculares, reumáticas y respiratorias. Algunos investigadores establecen una relación causa efecto con patologías degenerativas como Alzheimer, Parkinson, esclerosis, leucemia y cáncer.

La investigación en Domobiótica denuncia la enorme proliferación de aparatos que se conectan sin cables. Mientras la publicidad nos habla de las ventajas de un Wireless, un Wifi, un teclado, un ratón, un teléfono o un ordenador sin cables. Por su parte, los médicos firmantes del documento de Friburgo proponen la necesidad de hacer las nuevas viviendas con un blindaje electromagnético.

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