Mercado de arte

La educación escolar de Adolf Hitler Pölz se desarrolló en diferentes escuelas de la localidad austriaca de Braunau am Inn hasta llegar a la escuela de Artes y Oficios de Linz. La infancia de Adolf no fue precisamente feliz, su padre, Alois Hitler, era un tipo violento, alcohólico y mujeriego, que propinaba palizas a su esposa y a sus hijos. Su madre, Klara Pölz, era la tercera esposa de Alois y veintitrés años más joven que él, tuvo seis hijos de los cuales sólo sobrevivieron Adolf y Paula y tal vez por haber perdido a la mayoría de las criaturas, Klara se volvió muy protectora y creó un especial vínculo afectivo con su hijo; esta complicidad era contemplada con celos por Alois y envenenaba el ambiente familiar. Hitler era un alumno bastante inteligente que se aburría en clase y no lograba hacer amistades, por lo que se refugiaba en la pintura y en sus sueños de llegar a ser un gran pintor. Esta ambición le enfrentaba continuamente con su progenitor y en su “Mein Kampf”, Adolf Hitler recuerda la discusión con su padre cuando le propuso abandonar la Realschule para dedicarse a los estudios artísticos: “Mi padre se quedó atónito. Asombrado, exclamó: ¿Un pintor?, ¿un artista…? Pensó que estaba loco o que no había oído correctamente mis palabras o, quizás, que las había malinterpretado. Pero cuando le expliqué mis ideas y lo serio de mi decisión se opuso con la tenaz determinación que le caracterizaba. ¡Artista! No, mientras yo viva, ¡nunca!”

Convencido de sus posibilidades artísticas, Hitler intentó ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena y fue rechazado en dos ocasiones. En 1913 se traslada a Munich, allí sobrevivía gracias al cobro de una pensión de orfandad (su padre había muerto en 1903 y su madre lo hizo cuatro años después) y a la venta de algunos dibujos y postales con los que conseguía un dinero extra. Un año más tarde, Hitler solicita su ingreso como voluntario en el ejército ante el estallido de la I Guerra Mundial y luego cambiaría los pinceles por la política.

El pasado 26 de septiembre salió a subasta una serie de 21 acuarelas y dos bocetos firmados por Adolf Hitler. Se trata de unas acuarelas que representan escenas rurales de la frontera entre Bélgica y Francia y fueron pintadas entre 1915 y 1918, cuando el entonces cabo Hitler servía de enlace de las tropas bávaras en la I Guerra Mundial. Los subastadores, la firma Jefferys, han recibido quejas del público, pero justifican la comercialización de la polémica colección de obras por su valor histórico. Estas pinturas han entrado en el mercado regido por la venta y la demanda, que no en el mercado del arte, por el simple hecho de llevar estampado el nombre de Hitler. Si obviamos este detalle, es probable que, en vez de ser adquiridas por 170.000 euros, nadie hubiera pagado un céntimo por ellas.

Comentarios

almena ha dicho que…
Es casi seguro.

:)
Indigo ha dicho que…
Las obras desde luego no lo merecen, son mediocres.
Tampoco la firma de Hitler justifica la obra: más bien creo que la hace aún peor. De modo que, la pintura es mala y con la firmita, tenebrosa.
Que se compre la firma en lugar de la obra, es una perversión del mundo del arte, que nada tiene que ver ni con la obra de arte ni con el artista.
Interesante blog, tierno, elegante, limpio: felicitaciones y saludos.
paco ha dicho que…
No sé por qué pero me imaginaba las acuarelas de Hitler peor de lo que son, será que me condiciona la imagen del dictador.