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El pasado 8 de mayo, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, envió una carta al presidente norteamericano George W. Bush, una carta importante por ser la primera misiva de un mandatario iraní a su homólogo estadounidense en 27 años de república islámica, así como por su contenido.

Excmo. Sr. George W. Bush Presidente de Estados Unidos de América

Durante un tiempo he andado pensando cómo se pueden justificar las innegables contradicciones existentes en el escenario internacional que se debaten continuamente en los foros públicos, sobre todo, en los políticos y universitarios.

Son muchas las preguntas en este sentido que se han quedado sin respuesta y es por ello que he decidido plantear algunas de estas cuestiones y paradojas pues quizá surja una oportunidad para poder enmendarlas.

¿Se puede ser seguidor de Jesucristo, sobre él sea la paz, verse comprometido con los derechos humanos, presentar al liberalismo como un patrón civilizador, oponerse a la proliferación de armas nucleares y de destrucción masiva y hacer de la lucha contra el terrorismo un lema? En definitiva, ¿trabajar por la formación de una sociedad mundial, una sociedad en la que gobernaría Jesucristo, sobre él sea la paz, y los justos de la tierra, pero, a la vez, atacar a los países, infravalorar la vida, la dignidad y la existencia de las personas y, por ejemplo, prenderle fuego a todo un pueblo, una ciudad o una caravana porque quepa la posibilidad de que en ellas se encuentren varios delincuentes ¿Se puede ocupar un país porque quepa la posibilidad de que en él haya armas de destrucción masiva, ser muertas unas cien mil personas de su población, destruir sus recursos acuíferos, agrícolas y su industria y establecer en él casi 180.000 efectivos militares?


Carta del presidente iraní Ahmadineyad a George Bush

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