Carlo Ponzi

Carlo Ponzi nació en Parma (Italia) en 1882 y emigró a Estados Unidos en 1903. Algunos de sus biógrafos aseguran que fue un estudiante ambicioso que quería prosperar y otros dicen de él que se trataba de un ladronzuelo con poco futuro al que su familia embarcó hacia América para quitárselo de encima. Sea como sea, Ponzi llegó a la tierra prometida, aprendió deprisa a hablar inglés y después de pasar por trabajos eventuales inició una carrera que lo llevaría dos veces a prisión: una en Canadá, después de que le pillasen falsificando el nombre de una anciana que guardaba su dinero en el banco en el que trabaja Ponzi, y otra en Boston, en 1911, por su implicación en un negocio de contrabando de emigrantes italianos.

Pero su golpe más importante lo dio en 1919, cuando al darse cuenta de que en los cupones que los inmigrantes italianos enviaban por carta a sus familias, extremadamente pobres a causa de la guerra, para que los cambiaran por dinero y pudieran responder a las cartas, había un negocio fabuloso. Consultó a amigos y conocidos y montó la empresa Exange Company. Comenzó a repartir cupones prometiendo unas ganancias del 50% en 45 días o del 100% pasados los tres meses. En poco tiempo se convirtió en un personaje riquísimo, y tanto políticos como medios de comunicación lo presentaban como un empresario ejemplar. Todo funcionó la mar de bien durante los primeros meses, el dinero llegaba a capazos y los intereses se pagaban religiosamente. Las viudas hipotecaban sus casas y la gente recogía sus ahorros para invertirlos en el negocio de Ponzi. Surgió algún problemilla legal, pero se resolvió abonando generosas cantidades de dinero.

La crisis de confianza se inició cuando el analista financiero Clarence Barron, por encargo del Boston Post, publicó un informe en el que se declaraba que, pese a los extraordinarios intereses que se pagaban, Carlo Ponzi no reinvertía ni un céntimo de sus enormes beneficios en la empresa. Se calculó que para cubrir las obligaciones contraídas se necesitaban 160 millones de cupones en circulación, cuando en realidad tan solo había 27.000. A partir de aquí, los acontecimientos se precipitaron: una multitud de inversores furiosos se presentaron ante las oficinas, pleitos a diestros y siniestro, pánico generalizado y otra vez a la cárcel. El 1 de noviembre de 1920, Carlo Ponzi fue declarado culpable de fraude y se le condenó a cinco años de prisión. Salió tres años más tarde y le condenaron a nueve más. Parecía que ya tenía bastante castigo y como estaba en libertad provisional, decidió cambiar de aires y huir a Florida, donde puso en marcha otra estafa, sin embargo, para entonces su mala fama ya se había extendido.

Antes de que le pillaran, se escapó a Texas, y para intentar huir en un barco mercante se afeitó el bigote y la cabeza. No le salió bien y terminó en la prisión de Massachussets, donde permaneció hasta 1934. A las puertas del presidió le aguardaba un buen grupo de estafados que quería lincharlo, algo que no pudieron lograr debido a la intervención de la policía, que tuvo que proteger a Ponzi. Como no se había nacionalizado norteamericano, le deportaron a Italia y allí intentó poner en marcha su esquema sin éxito y terminó trabajando en una línea aérea italiana que operaba en Brasil. Tiempo después se supo que esta línea fue utilizada para hacer contrabando de materiales estratégicos.

Carlo Ponzi vivió sus últimos días en la miseria, muriendo en un hospital de la caridad en Río de Janeiro el 18 de enero de 1949. Este delincuente ha pasado a los manuales de economía por haber ideado lo que se conoce como esquema de Ponzi, un negocio piramidal al por mayor en el que, en un momento determinado, se deja de invertir. Los negocios piramidales tienen un sencillo funcionamiento, se trata de comprar una cantidad de productos, generalmente de limpieza o similares, enviar cartas pidiendo pequeñas sumas de dinero… Se paga la cantidad requerida para entrar en el negocio y después te tienes que despabilar para encontrar a otras personas que hagan lo mismo asegurándoles que los beneficios son grandes y están garantizados. Este tipo de negocios son una estafa habitual en países con poca cultura económica o en los que el capitalismo se acaba de estrenar. En España el caso más conocido fue el de la inmobiliaria Sofico, pero todavía, y de tanto en tanto, aparecen desaprensivos que intentan engañar a los incautos, como ocurre ahora con Afinsa y Fórum Filatélico. El funcionamiento es siempre el mismo: los nuevos ingresos que se consiguen proporcionan ganancias a los anteriores inversores, pero a medida que el negocio crece las ventas y las ganancias caen en picado hasta que llega el desastre final. Evidentemente, quienes han puesto en marcha el negocio se han llenado los bolsillos a cuenta de los infelices que les han creído.

Comentarios