Sophie Scholl, los últimos días

Entre mediados de 1942 y febrero de 1943, numerosos vecinos de ciudades ubicadas en el sur de Alemania y en Austria encontraron en sus buzones volantes que instaban a la resistencia contra el régimen nazi. Inicialmente estos volantes llevaban como firma "Volantes de la Rosa Blanca". Más adelante cambiaron su nombre por "Volantes del movimiento de resistencia en Alemania". Eran obra de cinco estudiantes de la Universidad de Munich y uno de sus docentes académicos: Hans y Sophie Scholl, Alexander Schmorell, Christoph Probst, Willi Graf y el profesor Kart Huber.

Todos los volantes estaban escritos a máquina y mimeografiados. Las direcciones habían sido extraídas de las guías telefónicas. Obtener el mimeógrafo, la tinta, el papel y las estampillas implicaba un alto riesgo para el grupo. Para no ser descubiertos, los volantes eran enviados desde diferentes ciudades por correo. Su propósito era erosionar la fe en Hitler, despertar la duda, confrontar a los alemanes con su culpa. Convocaban a la resistencia pasiva.

El 18 de febrero de 1943 Hans y Sophie Scholl se encontraban repartiendo el Sexto Volante en los pasillos desiertos de la Universidad de Munich. Dejaron caer los últimos ejemplares desde lo alto del patio interior. En ese momento, uno de los conserjes descubrió a los hermanos y les cortó el paso. Poco después eran detenidos por la policía secreta. Más tarde también sería detenido su amigo Christoph Probst.

Este sexto volante llegó a Inglaterra vía Escandinavia a través de Helmuth von Moltke. Hacia fines de de 1943, cientos de miles de ellos fueron lanzados desde aviones británicos sobre Alemania. Ahora su encabezamiento rezaba: "Manifiesto de los estudiantes muniquenses - un volante alemán."

Texto del Sexto Volante distribuido por el movimiento de resistencia Rosa Blanca el 18 de febrero de 1943

¡Compañeros, compañeras!
Conmocionado, nuestro pueblo ha tomado conocimiento de la muerte de nuestros hombres en Estalingrado. La genial estrategia del gran cabo de la guerra mundial ha lanzado a trescientos treinta mil alemanes a la muerte y a la destrucción sin ningún sentido y en forma totalmente irresponsable. ¡Gracias, Führer!

Entre el pueblo alemán crece la agitación: ¿vamos a seguir confiando el destino de nuestro ejército a un diletante? ¿Vamos a sacrificar el resto de la juventud alemana a los bajos instintos de poder de un grupo partidario? ¡Jamás!

Ha llegado el día de saldar las cuentas, las cuentas de nuestra juventud alemana con la tiranía más vil que nuestro pueblo jamás soportó. En nombre de la juventud alemana reclamamos al Estado de Adolf Hitler que nos devuelva la libertad personal, el bien más preciado de los alemanes, que nos ha sido arrebatado de la forma más vil.

Hemos crecido en un Estado que nos ha privado de toda posibilidad de manifestar nuestra opinión. Durante los años más fructíferos de nuestras vidas las Juventudes Hitlerianas, la SA, y la SS han intentado uniformarnos, revolucionarnos, narcotizarnos. "Entrenamiento ideológico" se llamaba el despreciable método de asfixiar todo atisbo de pensamiento y valoración independientes, sumiéndonos en una espesa niebla de frases huecas. Una selección de dirigentes, imposible de imaginar más diabólica y estúpida al mismo tiempo, educa en sus academias a futuros caciques partidarios, explotadores y asesinos impíos, sinvergüenzas y siniestros, adiestrados en un ciego y estúpido seguimiento al Führer. Nosotros, supuestos "trabajadores del espíritu" apenas serviríamos como recaderos de esta nueva generación de dirigentes.

Supuestos dirigentes estudiantiles, aprendices de futuros jefes distritales, se atreven a reprender a soldados que luchan con sus vidas en el frente, cual si fueran colegiales. Con chistes obscenos, jefes distritales ensucian el honor de las estudiantes. En la Universidad de Munich, las estudiantes alemanas han sabido dar una respuesta respetable a la ofensa de su dignidad; estudiantes alemanes han defendido el honor de sus compañeras. Ha llegado la hora de luchar por nuestra libertad y autodeterminación sin la cual no es posible crear valores espirituales. Nuestro agradecimiento es para con nuestros valientes compañeros y compañeras que han sabido iluminarnos con su actitud ejemplar.

Para nosotros sólo existe una consigna: luchar contra el partido. Salir de los cuadros partidarios en los que se nos quiere seguir silenciando políticamente. Salir de las aulas de los oficiales y suboficiales de la SS y de quienes se arrastran ante el partido. Nos importa la ciencia verdadera y la genuina libertad del espíritu. No habrá amenaza que nos haga retroceder. Tampoco lo conseguirá el cierre de nuestras universidades. Se trata de la lucha de cada uno de nosotros por nuestro futuro, por nuestra libertad y por nuestro honor en un Estado consciente de su responsabilidad moral.

¡Libertad y honor! Durante diez largos años Hitler y sus consortes han vaciado hasta la repugnancia las dos palabras alemanas más preciadas, las han tergiversado, vulgarizado como solo son capaces de hacerlo diletantes que tiran por la borda los supremos valores de una nación. Lo que les vale la libertad y le honor lo han demostrado más que suficiente en diez años de destrucción de toda libertad material y espiritual, de todas las sustancias morales en el pueblo alemán. El terrible baño de sangre que han generado y a diario siguen generando en nombre de la libertad y del honor de la nación alemana en toda Europa, el ha abierto los ojos hasta al alemán más necio. El nombre alemán quedará deshonrado para siempre si la juventud alemana no se levanta por fin, escarmienta y purga al mismo tiempo, destruye a sus verdugos y alza una nueva Europa espiritual.

¡Estudiantes! El pueblo alemán dirige su mirada hacia nosotros. Al igual que en 1813 cuando esperaba que se quebrara lo napoleónico, espera en 1943 que sepamos quebrar el terror nacionalsocialista desde el poder del espíritu.

Desde las llamas de Beresina y Estalingrado los muertos nos convocan.

Nuestro pueblo se alza contra la esclavización de Europa a manos del nacionalsocialismo en una nueva irrupción de libertad y honor.

Este manifiesto es el eje sobre el que gira la película alemana: Sophie Scholl, los últimos días. Sophie Scholl es la única mujer que integra el grupo pacifista “La Rosa Blanca”. El 18 de febrero de 1943 es detenida junto a su hermano Hans mientras distribuyen panfletos en la universidad de Munich. En el filme se recogen los últimos seis días de la vida de Sophie (del 17 al 22 de febrero de 1943), que están descritos con bastante exactitud gracias a las transcripciones auténticas de los interrogatorios. Durante estos interrogatorios se establece un apasionante e intenso duelo psicológico entre Sophie y el oficial de la Gestapo Robert Mohr. La joven elabora una cuidada coartada para salvar a los miembros del grupo, pero ante la contundencia de las pruebas que existen en su contra, asume los hechos y sus consecuencias sin traicionar sus ideales.

Sophie es una persona combativa, idealista e íntegra, con unos sólidos principios de justicia e igualdad, y la fuerza de sus convicciones es el material del que se nutre esta heroína para defender la paz y criticar los excesos delirantes del nazismo. Porque ella tuvo valor para no someterse, para enfrentarse y para correr riesgos. El director de la película, Marc Rothemund, se ha centrado en los elementos fundamentales de la historia, dejando al margen todo aquello que sería superfluo. El tono de la narración es impecable y correcto, no cae en el maniqueísmo ni en el manierismo dramático o sentimental. Incluso el final, que no se ve, pero se intuye con vibrante intensidad, es magistral por lo que tiene de sobrecogedor. La actriz Julia Jentsch crea un personaje convincente y conmovedor, capaz de afrontar con una admirable entereza su cita con la guillotina.

Se habla poco de la resistencia que hubo en Alemania contra el régimen nazi, parece que exista un empeño oculto por demostrar que todos los alemanes, sin excepción, aprobaban los métodos de Hitler. La resistencia ha sido minimizada e incluso considerada sospechosa de ser la última y tardía tentativa de altos militares y funcionarios por redimirse ante los vencedores. Por eso es importante romper con la parcialidad que ignora a esos miles de alemanes de todos los estratos que combatieron en desigual lucha oponiéndose al totalitarismo hitleriano.

* Información sobre “La rosa blanca”: (Weisse Rose e.V. (ed.): Catálogo para la exposición: "La Rosa Blanca". La resistencia de estudiantes contra Hitler, Munich 1942/43, Munich 1994, pág. 48)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Fantástico documento. Tu esfuerzo por mostrar otra cara de la realidad no oficial se merece mi aplauso. Tus posts resultan imprescindibles y tu inteligente visión del mundo crea adición. Suerte en la lucha.