Salir de Iraq

En un artículo publicado por The New York Times, Nicholas Kristof reflexiona sobre Iraq partiendo de dos datos inquietantes: el 88 por ciento de los suníes del país apoyan los ataques contra las tropas norteamericanas y un 80 por ciento de los iraquíes creen que Estados Unidos quiere quedarse indefinidamente en su país.

Con este panorama, la política de Bush se ha vuelto un ápice más pragmática, ya no puede predicar la democracia universal, y Condoleezza Rice no tiene otro remedio que abandonar la prepotencia de su discurso y sonreír procurando que su país no se meta en líos más gordos de los que ya está metido.

Todo ha salido mal en la invasión de Iraq: la población chií no salió masivamente a la calle para vitorear al ejército invasor, más bien se ha decantado por tomar partido al lado de los clérigos que regresaron de su exilio en Irán; la población mayoritaria chií se enfrenta al fanatismo wahabí, la insurgencia suní es, sobre todo, nacionalista… pero todos coinciden en una cosa: quieren que los norteamericanos abandonen su país cuanto antes. Y ésta es la única salida viable, que Estados Unidos ponga una fecha para su partida de Iraq retirando todas sus tropas. Pero esta solución tiene un riesgo, que se haga de manera descontrolada y la ruptura de Iraq llene de sangre a media Asia. Algo que no hay que descartar del todo dada la “pericia” de los estadounidenses para estas cosas.

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