Duelo de plumas

El debate poético más célebre de América en todos los tiempos lo sostuvieron el Premio Nobel chileno Pablo Neruda y su terrible adversario Pablo de Rokha. Es un poema largo, titulado Tercetos dantescos a Casiano Basualto (nombre que le da a Neruda), su enemigo declarado le retrata así:

"Gallipavo senil y cogotero / de una poesía sucia, de macacos, / tienes la panza hinchada de dinero. / Defeca en el portal de los maracos, / tu egolatría de imbécil famoso / tal como en el chiquero los verracos. / Llegas a ser hediondo de baboso, / y los tontos te llaman: ¡gran podeta! / en las alcobas de lo tenebroso. / Si fueras un andrajo de opereta, / y únicamente un pajarón flautista, / ¡sólo un par de patadas en la jeta! / Pero tu índole sadomasoquista, / un tiburón de las cloacas suma / a la carroña del oportunista. / Y si eres infantil como la espuma, / eres absurdo Cacaseno oscuro, / si el escribir con menstruación te abruma. / Gran burgués, te arrodillas junto al muro / del panteón de la Academia Sueca, / a mendigar… ¡dual amoral impuro! / Astuto, ruin, tarado, voz gangosa, / saqueas a la URSS, envilecido / con la tremenda mano estropajosa. / "La araña negra" y "el patibulario" / te llamó Juan de Luigi, al cual echabas / en cara la ceguera… ¡oh, mal corsario! / De país en país gran arribista, / tu gonorrea literaria has ido / vendiendo como egregio pendolista. / Toda tu obra, mal robada imita: / "Macchu Picchu" es Ramponi, el argentino, / a quien plagiaste su "Piedra infinita". / Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino / y mito), te encubren, y te aterra / haber transado tu alma de cochino. / Siendo mi feto, te das de iconoclasta, / y a mí me has estafado desde el nombre / a esta línea de fuego que te aplasta. / Y si aún deseas premios y más premios, / te ofrezco el premio de la sinvergüenzura / colosal y feroz de los bohemios, / que se cavan la propia sepultura: / no importas tú, ¡importa tu impostura!"

Pablo de Rokha, Premio Nacional de Literatura en Chile, acabó suicidándose, y Neruda lo lamentó. Pero en Confieso que he vivido, su libro de memorias, puntualizó lo siguiente: "La característica suprema de Perico de Palothes, filósofo nietzscheano y grafómano irredimible, era su matonismo intelectual y físico. Ejerció de perdonavidas en la vida literaria de Chile. Tuvo durante muchos años una pequeña corte de pobres diablos que lo celebraron. Pero la vida suele desinflar en forma implacable a estos seres circunstanciales. El trágico final de mi iracundo antagónico –se suicidó ya anciano- me hizo vacilar mucho antes de escribir estos recuerdos. Lo hago finalmente, obedeciendo a un imperativo de época y de localidad. Una gran cordillera de odio atraviesa los países de habla española; corroe las tareas del escritor con afanosa envidia. La única manera de terminar con tan destructiva ferocidad es exhibir públicamente sus accidentes".

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