Poesía y pintura

La comparación entre poesía y pintura ocupó el tiempo y las reflexiones de teóricos del arte, filósofos y estetas hasta la segunda mitad del siglo XVIII; pero las diferencias entre ambas artes se manifiestan de manera muy explícita en los últimos años del siglo XX, porque el centro de interés se desplaza desde la realidad exterior, que todo artista imita, a la mente y los sentimientos, que todo artista expresa. No es la imitación de la realidad externa lo que pinta el pintor o lo que describe el poeta, es la expresión que esta realidad despierta en la imaginación y en la razón del artista lo que pintará el pintor y describirá el poeta.

Diderot expone esta cuestión mediante una fábula: “Un español, o un italiano, deseoso de poseer el retrato de su amada, que no podía mostrar a ningún pintor, resolvió que la única cosa que podía hacer era dar su descripción más detallada y exacta por escrito. Primero determinó la proporción justa de la cabeza, después describió las dimensiones de la frente, de los ojos, de la nariz, de la boca y del cuello. Una vez descritos, volvió sobre cada una de las partes y procuró que su espíritu grabase en el pintor la verdadera imagen de su amada; no olvidó ni los colores, ni las formas, ni nada referente al carácter, y cuanto más comparaba su escrito con el rostro de su amada, más parecido le encontraba. Pensó que cuanto más llenaba la descripción de pequeños detalles menos libertad daba al pintor y no olvidó ninguno de los detalles que pueden cautivar un pincel. Cuando le pareció que tenía acabada la descripción, realizó cien copias, que envió a cien pintores, y les pidió que ejecutasen sobre el lienzo la descripción exacta que había hecho de su amada. Los pintores comenzaron a trabajar y, pasado un tiempo, el amante recibió cien retratos, todos reproducían rigurosamente su descripción, pero ninguno se parecía a otro ni tampoco a su amada”.

El amante hizo un esbozo de lo que quería que el pintor pintase. De la misma manera que es el lector, y su imaginación, quién materializa visualmente el poema, el pintor visualizó el proyecto de la amante y lo realizó. Respecto al texto literario, lo que hacen el lector y el pintor es lo mismo: visualizar y materializar lo que está escrito, y este proceso es un producto y una consecuencia de la subjetividad, y la lectura del texto o la pintura que se hagan son expresiones de esta subjetividad.

El arte no es imitación de la naturaleza, ni imitación de las acciones de los hombres, es expresión de la subjetividad del artista, es una construcción de su mente a partir de la experiencia de la realidad, pero transformada por el efecto de su imaginación y de su idea. El arte (la poesía y la pintura) es una proyección del pensamiento y de los sentimientos del artista, es un proceso de la imaginación que modifica y sintetiza imágenes, pensamientos, sentimientos, recuerdos y analogía. Es, pues, el artista el elemento primordial, tanto del proceso artístico como de los criterios con que ha de ser juzgado.

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