Nada

En los países ricos no tenemos un concepto claro de lo que es "nada". Para nosotros no tener nada es contar con una nevera llena de comida y no saber qué menú prepararles a unos amigos que vienen a cenar a casa; entonces acudimos al supermercado abastecido de todos los alimentos imaginables y compramos algo especial para la ocasión. No tener nada es abrir un armario abarrotado de ropa y no encontrar adecuada ninguna de las prendas para asistir a una ceremonia. Solemos decir no tengo nada cuando pagamos la cuenta del bar y el camarero nos pide un billete más pequeño porque no dispone de cambio.

En los países subdesarrollados, no tener nada equivale a la miseria más absoluta, a una casa en la que no hay ningún alimento que comer, la única indumentaria la constituye el harapo roto que se lleva puesto y el dinero es algo que nunca se ve, menos aún se posee.

En el mundo hay millones de personas que padecen tremendas hambrunas o que mueren de enfermedades que en otros lugares se curan sin dificultad. Cada año, organizaciones de todo tipo se encargan de recordarnos que no todos son tan privilegiados como nosotros y apelan a nuestra conciencia humanitaria para que ayudemos a quienes carecen de lo esencial para vivir. Se recogen donativos, comida, medicinas o ropa que se destinan a los más desfavorecidos del Tercer Mundo, y con esto nos parece que ya hemos cumplido, que estamos colaborando a solucionar los problemas que aquejan a los más humildes, pero no es así, la acuciante necesidad de esas personas carentes de todo sigue intacta, no hemos contribuido a remediarla ni un ápice, porque la ayuda suele llegar demasiado tarde, cuando una situación difícil se ha convertido en catastrófica y es casi imposible de subsanar.

Por la ayuda humanitaria hay que pagar aranceles altísimos y el sistema de distribución es precario, los países sin desarrollo no pueden asumir ni el costo ni el reparto por falta de dinero y medios. Además, olvidamos que los pobres también tienen orgullo y para ellos no resulta grato vivir de la caridad.

Pondré como ejemplo ilustrativo de lo que ocurre el caso de Estados Unidos. Estados Unidos es un país que de forma sistemática y prepotente deja de lado a los campesinos del Tercer Mundo para favorecer su producción propia y a la vez es uno de los países que más cereal destina a combatir el hambre; su ideología es la del libre comercio, pero cierra sus fronteras a los productos que llegan de países míseros y subvenciona a sus agricultores para que produzcan materias primas de las que originariamente nos proveen esos países.

Sin unas leyes internacionales que regulen el comercio, sin unos precios justos para las materias primas, que eviten la competencia desleal de las multinacionales y de países sin escrúpulos, los pueblos pobres nunca saldrán adelante.

La ayuda humanitaria, aunque bien intencionada, poco resuelve, en algunos casos empeora situaciones ya de por sí críticas. La gente acostumbra a consumir cereales que les llegan gratuitos y no compra los que produce su tierra, con el consiguiente perjuicio económico para la zona que ello conlleva. En muchos territorios, la población no padece hambre, sino desnutrición, por tanto de lo que se trata no es de llenarles el estómago con lo que sea, hay que ofrecerles una dieta equilibrada, con proteínas, que es una de sus principales carencias. Una deficiente alimentación hace que desciendan las defensas del organismo y se contraigan neumonías y tuberculosis. La falta de una cultura de la higiene favorece la propagación del cólera, disenterías y gastroenteritis. El sida avanza imparable entre personas sin ninguna información profiláctica al respecto.

Abocados al hambre, muchos pueblos talan sus bosques y los convierten en campos de cultivo, así se destruye el medio ambiente, se desertizan zonas y se genera sequía. El cultivo de plantas destinadas a la producción de droga para los países ricos aumenta espectacularmente porque es una salida a la miseria absoluta.

La mayoría de los Gobiernos de países subdesarrollados prefiere invertir su dinero en armas para combatir a sus enemigos antes que en infraestructuras, educación o sanidad. Los fanatismos religiosos que ponen en pie de guerra a unas tribus contra otras favorecen la rivalidad eterna e impiden el desarrollo de la sociedad.

¿Qué podemos hacer nosotros?, nos preguntamos deseosos de ayudar. Nuestra solidaridad no es útil porque los problemas del subdesarrollo no se resuelven enviando sacos de trigo, ropa de segunda mano o toneladas de medicamentos a unos pueblos que carecen de médicos y hospitales. La única manera de ayudar que tenemos a nuestro alcance es presionando a nuestros gobernantes para que se modifique la legislación internacional que deja desprotegidos a los países pobres frente a los ricos. Creando normas que obliguen a los mandatarios de países subdesarrollados a establecer los mecanismos necesarios para el desarrollo de la economía y el acceso a la cultura y a la sanidad de todos los ciudadanos. Ésta sería una solidaridad eficaz, porque lo que hemos hecho hasta ahora ha sido inútil.

Para millones de seres humanos no existe el futuro, no pueden esperar más, por eso nuestra responsabilidad hacia ellos es un deber inexcusable materializado en la acción y no en la compasión.

Comentarios

Josep M. Fernández ha dicho que…
La única manera de ayudar que tenemos a nuestro alcance es presionando a nuestros gobernantes para que se modifique la legislación internacional que deja desprotegidos a los países pobres frente a los ricos.

A nuestros gobernantes les importamos una mierda.
almena ha dicho que…
Esta tuya, la de escribir denunciando, es también una manera de ayudar.
No lo dudes.

Besos!
Magda ha dicho que…
Un excelente texto, María.

Los países ricos han saqueado a los países pobres ya sea a través de conquistas, explotaciones, saqueos, etc., obviamente que no todos, pero sabemos que ha sido así mayormente. Mucho de su riqueza se debe a esto justamente. Basta, por dar un ejemplo, con ver lo que ha hecho Inglaterra con África.

¿Qué pueden hacer los países que tienen por los países pobres y explotados? Creo que luchar, como ya hacen algunos grupos, por que la deuda externa sea menos rígida, eso sería una gran ayuda.

Una de las grandes verdades que desvela tu texto es la tremenda corrupción de las autoridades, eso sería lo primero que se debería atacar en los países "subdesarrollados", pero eso parece casi imposible...

Un gran abrazo para ti.
Anónimo ha dicho que…
NADA DE NADA, eso es lo que hacemos los que tenemos algo por los que no tienen nada. Vergonzoso pero real.