El cerdo de San Antonio

El día 17 de enero se celebra la fiesta de San Antonio. En esta fecha se mata el cerdo y es una de las razones por las que, a partir de fines de la Edad Media, el santo aparece siempre acompañado de este animal. En realidad resulta paradójico ver que un cerdo acompañe a un santo del Paraíso. La Biblia y el Corán no le dieron ninguna oportunidad a este animal y le infligieron los máximos tabúes. El cristianismo, en su condición de heredero de la Biblia, tendría que haber seguido al judaísmo en este aspecto, pero no fue así. El cerdo se convirtió entonces en un elemento de discordia entre el judaísmo y el Islam por una parte y el cristianismo por la otra. La mitología del cerdo es, sin embargo, una de las más apasionantes que puedan darse. Ante todo lleva a reevaluar los juicios perentorios emitidos acerca de este animal como consecuencia de los tabúes religiosos del judaísmo. Además, obliga a reconsiderar la figura mítica del porquerizo de quien San Antonio podría ser una metamorfosis mítica.

Esta figura aparece tanto en los poemas homéricos, con los rasgos de Eumeo, porquerizo de Ulises, como en las antiguas leyendas célticas, con los rasgos de Tristán, el porquerizo del rey Marcos de Cornualles. Esta figura da testimonio de una función notable: el porquerizo no es un lacayo encargado de una tarea servil, sino que, por el contrario, es un funcionario real responsable de tareas privilegiadas y estimadas. Es por ello que el santo acompañado por un cerdo se aproxima más a una gran figura iniciática que a un paria. Aunque en los textos hagiográficos más antiguos no hay ningún elemento que explique la presencia del cerdo junto a San Antonio, cabe preguntarse si este animal no tomó el lugar del centauro y de la cabra, mencionados junto a San Antonio por San Jerónimo. Por otra parte, existe un texto galés de la Edad Media en el que Merlín vive acompañado por varios cerditos, y esos animales llegaron a ser los confidentes del adivino. Esto confirmaría a priori la existencia de un vínculo privilegiado, exclusivamente en la cultura céltica, entre un cerdo y un personaje inspirado por una divinidad (cristiana o pagana). Al hacer de San Antonio un guardián de puercos, el cristianismo no hace más que transferir las antiguas creencias del paganismo indoeuropeo.

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