Shakespeare no escribió las obras que se le atribuyen

Tras cinco años de minuciosas indagaciones en archivos históricos británicos, Brenda James, una especialista en la obra shakespeariana, y el catedrático de la Universidad de Gales William Rubinstein, aportan pruebas fehacientes de que el verdadero autor de las obras que se le atribuyen a Shakespeare fue el aristócrata y diplomático inglés Sir Henry Neville (1562-1615). Este descubrimiento será publicado en un libro que se presentará a finales de este mes en el teatro Shakespeare's Globe de Londres.

Los asuntos políticos tratados, así como la ubicación geográfica de las obras de Shakespeare, forman parte de los viajes y aventuras conocidas de Neville, un diplomático y político muy cultivado que era originario de Berkshire. Trabajos de amor perdidos contiene parte de las cuestiones debatidas en la Universidad de Oxford en la época en que Neville estudiaba allí, entre 1574 y 1579. Medida por medida está ambientada en Viena, ciudad que Neville visitó en 1580. Uno de los temas de la obra: las leyes contra la inmoralidad, describe ideas con las que se enfrentó el político cuando conoció a un filósofo calvinista del lugar. Romeo y Julieta, La fierecilla domada, Dos caballeros de Verona y El mercader de Venecia suceden en el norte de Italia, región que visitó Neville en 1581 y 1582. Hamlet tiene por escenario Dinamarca y, según la investigación, Neville obtuvo datos sobre los antecedentes del príncipe danés mientras recorría la actual Polonia. Enrique V es fruto de la estancia de Neville en Francia, donde fue embajador de Inglaterra entre 1599 y 1600. De hecho, algunas de sus escenas fueron escritas en francés, idioma hablado por Neville y que Shakespeare ignoraba.

Como político, Neville participó en una revuelta fallida dirigida por el conde de Essex contra el Gobierno en 1601, motivo por el que fue encarcelado en la Torre de Londres acusado de traición. Entonces las obras pasan bruscamente de un tono histórico o cómico a otro sombrío y trágico. Otra prueba es un documento redactado por Neville mientras estaba preso, cuyo contenido acabó siendo utilizado en la obra Enrique VIII. Además, se dan también sorprendentes similitudes de estilo y vocabulario entre las cartas privadas y diplomáticas de Neville y las obras y poemas de Shakespeare. Por último, un documento descubierto en 1867 contiene una prueba directa de que Henry Neville practicó la falsificación de la firma de William Shakespeare, sin contar las relaciones personales a través de amigos y conocidos que hubo entre ambos. Rubinstein asegura que han acumulado tal cantidad de pruebas que la idea de que Neville sea el autor parece abrumadoramente sólida.

No es la primera vez que cuestiona la autoría de las obras de Shakespeare. A lo largo del tiempo se han propuesto los nombres de diversos escritores que pudieron utilizar el seudónimo de Shakespeare. El escritor y filósofo Francis Bacon es uno de ellos. Lo mismo ocurre con Christopher Marlowe, autor teatral. Otros nombres que se barajan son el del escritor Ben Jonson, sir Walter Raleigh, Edward de Vere, un reputado mecenas literario, e, incluso, la reina Isabel I.

Las dudas sobre la autoría de las obras de Shakespeare nacen de la convicción de que un hombre de escasa cultura e ínfima extracción social como Shakespeare: un actor, no habría sido capaz de elaborar textos de semejante valor artístico y profundidad de pensamiento. Parecería más probable la idea de que Shakespeare era sólo un testaferro, o a lo sumo aquél que ponía en escena y recitaba los dramas que se le atribuyen, pero que las obras se deben a un escritor de gran talento y sensibilidad.

En mi opinión, las obras se presentan solas. Para apreciar cualquier composición artística basta y sobra con ella misma. Una obra gusta o no, visceralmente y con independencia de las distinciones que haya recibido el autor y de sus circunstancias personales. El autor ha de estar detrás de su obra y no delante. El protagonista es el arte y no el artista, y dejando al margen quién las escribiera, las obras de Shakespeare son geniales en contenido y forma.

Comentarios

almena ha dicho que…
Te he leído con gran sorpresa.
Y, a medida que avanzaba en el texto, iba pensando que... qué importaba quién escribió esas obras. Lo que importa que son realmente geniales.
Exacto, totalmente de acuerdo con tu conclusión final.