Vallas

Las vallas están para saltarlas. El hombre las levanta y el hombre las destruye.

La valla que separa Melilla del Tercer Mundo está rematada por alambres afilados, su altura no amilana, los pinchos laceradores de cuerpos, tampoco. Para la gente que ansía saltar esta valla, el otro lado es la salvación de sus vidas y la de sus familiares, que malviven en las cloacas infectas de la miseria y la desesperación. Por eso los cuchillos que coronan la doble valla no disuaden, sólo hieren. Por eso el instinto de supervivencia no impide el riesgo de padecer cortes y contusiones; si franqueando el obstáculo se deja atrás la ruina y existen posibilidades de salvarse, hay que intentarlo. Después de cruzar el desierto a pie, debilitados por el hambre, la sed y el cansancio, maltratados por soldados y policías, sólo una valla separa del futuro a los parias. Y cualquier valla es inútil para detener a alguien que pretende vivir.

Comentarios

almena ha dicho que…
Produce escalofríos. Pero sí. Las vallas suponen, suponen, el último obstáculo a salvar. Al otro lado la vida.

Saludos