Troya

Me prestan el DVD de la película “Troya”. Me han dicho que Brad Pitt sale imponente y, aunque sólo sea por verlo, me someto gustosa al desaguisado que intuyo.

¡Ay! ¿Qué han hecho en Hollywood con La Ilíada? El caso es de juzgado de guardia, deberían ejecutar a los responsables por inyección letal de tinta de imprenta en vena. ¿Y el pobre Homero? No puede pedir que le indemnicen, ni reclamar daños y perjuicios ¡A dónde iremos a parar!

La película es espectacular y Aquiles-Pitt está para mojar pan. Pero… Aquiles era un adolescente, no un hombre de 41 años (edad de Pitt al rodar el filme), famoso por su belleza de mujer, que contrastaba con su legendaria crueldad, no por sus musculitos. Y el pobre no tuvo ocasión de entrar en Troya escondido en el caballo de madera ideado por Ulises porque ya había sido asesinado. Además, el rey de Esparta, legítimo marido de Helena, no fue asesinado por Paris. Al contrario de lo que ocurre en la película, cogió de nuevo a su mujer y se la llevó de regreso a Esparta. La relación entre Aquiles y Patroclo es para troncharse, ya que se les presenta como primos cuando en realidad eran amigos. Quizás no estaba el horno como para representar el mito creado en torno a la relación homosexual de ambos héroes, algo que, por otra parte, no era necesario ya que no aparece en La Ilíada. Y ¿qué decir de los diálogos? Así hablan los yanquis actuales, no los héroes micénicos.

Estoy a punto de rasgarme las vestiduras y me pregunto si no me estaré convirtiendo en un fundamentalista literario. Será que no entiendo nada de cine moderno. Una película puede permitirse ciertas libertades para dar mayor realce al espectáculo, pero esto no justifica esas desviaciones escandalosas de la cinta, sólo explicables si los guionistas no se han tomado la molestia de leer a Homero. La única esperanza que me queda es que a Wolfgang Petersen no se le ocurra rodar Troya 2.

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