Insultar con propiedad

Aprendamos a insultar, porque no es lo mismo que te llamen hijoputa que hijo de puta. El apelativo hijo de puta alude directamente al modo en que supuestamente se gana el pan la señora madre del agraviado y no tiene nada que ver con el de hijoputa, que define a ese tipejo indeseable al que sólo nuestra exquisita educación nos impide romperle la cara. El académico y lingüista Fernando Lázaro Carreter recomienda hacer esta distinción para que no paguen nuestro enojo justos por pecadores.