Casanova, más allá del mito

Cuando uno evoca el nombre de Casanova, le viene a la mente, inevitablemente asociada, la imagen del seductor por antonomasia; y es que la leyenda del personaje: conquistador lujurioso, de insaciable lubricidad, ha llegado a eclipsar al hombre.

Giovanni Giacomo Casanova, señor de Seingalt, nació en Venecia en 1725. Hijo de la bella actriz Zanetta, se desconoce la auténtica identidad de su progenitor, que bien pudo ser el marido de su madre, otro actor, o el empresario teatral Michele Grimani. De pequeño, Casanova fue un niño enclenque y dotado de una inteligencia extraordinaria, una comprensión, rápida y una memoria portentosa. Su abuela, admirada por los progresos culturales que hacía, aprendió a leer en menos de un mes, se decidió a enviarlo a estudiar a Padua, en cuya universidad recibió el título de doctor en Derecho a los diecisiete años.

Su vasta instrucción llegó a abarcar diversos campos, y no solamente fue un hombre de conducta escandalosa, duelista y jugador; también destacó siendo violinista, matemático, poeta, novelista, historiador, filósofo, teólogo, traductor de Horacio y de Homero, astrónomo, químico, geólogo, médico empírico... Sin embargo, no ha pasado a la posteridad por ninguna de estas actividades, sino por la que de todos es conocida: ser un conquistador.

En los treinta y nueve años que duró su vida amorosa, estuvo con ciento veintidós mujeres: actrices, monjas, cortesanas, damas de la alta sociedad... Mujeres de las que Casanova se enamoraba con cierta ingenuidad, con pasión, de verdad. Mujeres que, en no pocas ocasiones, se aprovechaban de su generosidad y que siempre conservaron de él un recuerdo dulce y nostálgico, pues el terrible y disoluto seductor era un amante magnánimo y tierno.

La vida de Casanova es una vida inquieta, dinámica, despreocupada y plagada de excesos. Viajero infatigable, aventurero, masón, espía... Conoció la prisión en los Plomos, las enfermedades sexuales, la riqueza y la ruina. En sus últimos años, recluido en el castillo de Dux, en Bohemia, aquejado de la próstata y gotoso, emprende la ardua labor de redactar su biografía.

Con una letra menuda y clara y una excelente memoria, Casanova se dispone a escribir sus recuerdos, tarea a la que dedicó trece horas diarias, dejando unas memorias que, aun no siendo completas, ocupan tres mil setecientos folios.

Escrita en francés, lengua que Casanova domina junto con el italiano y el latín, la Histoire de ma vie jusqu’en l’an 1797 recoge confesiones de una enorme sinceridad, una verdad sin tapujos. En ella, el autor se retrata tal y como se ve a sí mismo, no esconde nada porque no se arrepiente de nada y por eso le resulta indiferente el juicio que el lector pueda hacer de él. El estilo literario es directo, vivaz, realista y un tanto desvergonzado, y la magnífica descripción de los personajes y de las costumbres de la época, hace que esta obra no sólo sea el relato de una serie de aventuras amorosas, es, asimismo, una perfecta ilustración histórica del Siglo de las Luces.

Hasta 1960, la biografía de Casanova no pudo ser leída en su integridad. Desde su muerte, acaecida el 4 de junio de 1798, el manuscrito pasa por manos de familiares y editores, y en 1822 aparece publicado en alemán, tras haber sufrido modificaciones en su traducción para adaptarlo al germánico sentido del pudor.

El éxito de esta versión de Wilhelm von Schütz publicada por el editor Brockhaus, incita a otro editor, el parisino Tournachon, a emprender una traducción de la traducción alemana. De este cometido se encarga el profesor de francés Jean Laforgue, que revisa el texto, sustituyendo los italianismos, suprimiendo los pasajes demasiado escabrosos y alterando el estilo ágil, espontáneo y licencioso con una pudibundez neoclásica, hasta dejar el escrito original irreconocible.

El libro tiene una excelente acogida, incluso suscita una edición pirata en la que se incluyen datos que no figuran en el manuscrito original ni en la adaptación de Laforgue y que han sido validados por historiadores casanovistas un siglo después. La creación laforguiana, a su vez, fue traducida a veinticuatro idiomas y acogida con un clamoroso éxito, que originó comentarios de diversa índole, desde dudarse de la existencia real del supuesto escritor, hasta atribuirla al mismísimo Stendhal, con lo cual se reconocía su valor literario.

En 1944, la sede social de Brockhaus sufre un bombardeo aliado y se traslada de Leipzip a Wiesbadem, el manuscrito de Casanova reaparece con la mudanza y en febrero de 1960, la editora alemana, junto con la francesa Plon, coeditan la versión íntegra de las memorias, que consta de doce volúmenes y que constituye un auténtico acontecimiento editorial.

Gracias a esta última y definitiva edición, enriquecida con notas eruditas, y a la de 1993, de Robert Laffont, que incluye índice de personajes, bibliografía y textos inéditos de Casanova, se ha podido conocer la auténtica y compleja personalidad del que ha sido el seductor más grande de todos los tiempos.

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