Bicis sí, pero por la calzada

Es un hecho, cada día se ven más ciclistas por las calles de las ciudades. El incremento del uso de la bicicleta muestra que crece el número de personas que se han dado cuenta de las ventajas prácticas de este vehículo humilde y silencioso, que es, sin duda, el más barato, rápido y eficaz para desplazarse por la ciudad.

Pero a la par que aumenta el uso de la bici, nos encontramos con que la falta de civismo y la ilegalidad con la que actúan algunos ciclistas que circulan por las aceras pone en peligro a los peatones que transitan por ellas. No sé si ignoran la existencia de una normativa municipal que prohíbe a los vehículos marchar por las aceras o si es el miedo a ser atropellados por los coches lo que les lleva a convertirse en potenciales atropelladores de viandantes.

Yo, que acostumbro a ejercer de peatón, raro es el día que no sufro un altercado con alguna bici. Me ha tocado levantar del suelo a un anciano con bastón que cayó empujado por una bici de carreras, el ciclista ni giró la cara para comprobar las consecuencias de su exceso de velocidad. He tenido que soportar el timbre impertinente del que espera que baje a la calzada para que él pueda seguir tranquilamente por la acera. “Qué gentuza, no te dejan pasar”, gruñó una chica con rastas porque le obstaculizaba el paso en una acera estrecha. Un grupo de chavales dobló una esquina a toda mecha y no me mataron porque pude pegarme a un escaparate. El colmo de los colmos fue cuando un tiparraco que iba despendolado por dirección contraria se saltó un stop y, para esquivar al coche que se le echaba encima hizo un quiebro, se subió a la acera y me golpeó con el manillar en el estómago y en un brazo. En vez de disculparse o de interesarse por mi estado, me lanzó una mirada aviesa, de esas en las que te perdonan la vida, y prosiguió adelante.

La Plataforma Mou-te en Bici, con el asesoramiento del Grup de Recerca en Estadística, Economia Aplicada i Salut de la Universidad de Girona, ha realizado un estudio sobre el uso de las aceras por los ciclistas y los datos revelan que sólo un19% de ciclistas sabe que no debe circular por la acera; el 49 por ciento reconoce ir por la acera porque puede circular más rápido, menos de la mitad de los encuestados cree que molesta a los viandantes con su comportamiento, el 40% de los ciclistas asegura que dejaría de usar la bici si existieran medidas que impidieran el uso de la acera.

Después de que grupos ecologistas y simpatizantes de la causa bicicliteril consiguieran que los ciudadanos apoquiñáramos para construir un carril bici, resulta que casi ningún ciclista lo usa. Las mentes pensantes de los Ayuntamientos han diseñado tramos de estas vías que son un peligro público al estar situadas entre la acera y un paso de peatones, con lo que se corre un doble riesgo al intentar cruzar la calle, o circunvalando el área de juegos de un parque infantil. Las bicis se aparcan en cualquier sitio, de la acera, por supuesto: te las encuentras atadas a una señal de tráfico o a un árbol, ante el portal de tu casa, recostadas contra la pared, tiradas en el suelo… Un poquito de civismo no vendría mal. En las ciudades, los peatones, los coches, las motos y las bicis estamos obligados a convivir. Mejor hacerlo en armonía y respetando el espacio reservado para cada uno, que invadiendo territorios ajenos.

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